El fin de la Historia

JUAN GÓMEZ-JURADO

En su polémico libro 'El fin de la Historia y el último hombre', el norteamericano Francis Fukuyama exponía en 1992 que la Historia, entendida como una lucha de ideologías, había concluido, con un mundo final basado en la democracia liberal que se había impuesto tras el fin de la Guerra Fría.

Del mismo modo, muchos analistas tecnológicos han llegado a la conclusión de que la guerra de la tecnología ha concluido, y llevan parte de razón. En la era post-PC, el ordenador es cada vez menos relevante, y son las tabletas las que serán el centro de nuestro trabajo, nuestro ocio y nuestras lecturas. Ocurre una circunstancia, sin embargo, y es que hemos encontrado un obstáculo en la tecnología que impide que esta crezca. Se pueden hacer tabletas mejores, más potentes, más baratas, pero no se pueden hacer tabletas diferentes. No se puede hacer una rueda más redonda que una rueda haciéndola triangular.

Esto es aún más acusado en cuando a la tecnología del libro electrónico. Una vez que alcanzamos un paso de página lo suficientemente rápido, una conectividad sencilla y un contraste suficientemente elevado -extremos estos que Amazon alcanzó con el Kindle Paperwhite-, la guerra ha concluido. No puede innovarse más en ereader, solo hacerlos más caros y lujosos, con un factor forma más depurado.

Por lo demás, la guerra ya ha concluido. Un lector electrónico de sexta generación es un dispositivo tan bien fabricado que no es necesario cambiarlo durante muchos años. Veremos mucho antes cerrar sus puertas a Barnes and Noble que obsoletos algunos de los modelos de ereader actuales. Pasarán muchas décadas hasta la siguiente gran innovación tecnológica, que ahora no podemos ni intuir. Ahora la única gran batalla por librar -en volumen de negocio y en posicionamiento- está en el contenido.

En el Reino Unido, las compras unitarias totales de libros registran 3 libros en papel de cada 10 que se venden, el guarismo más alto de toda la Unión Europea. De ese porcentaje, el 95% pertenecería a Amazon. Una cifra tan apabullante para la compañía de Seattle es especialmente llamativa en el país de Europa con mayor penetración de tabletas electrónicas, muy especialmente del iPad de Apple. Si consideramos que iBooks tiene a su favor que el cliente introduce en el dispositivo el número de tarjeta de crédito nada más sacarlo de la caja -por lo que se beneficiaría al igual que Amazon de esa impulsividad que ofrece la sencillez y la facilidad de acceso, cuando se une a un buen precio-, es especialmente relevante el que el consumidor siga prefiriendo Kindle. Una reciente encuesta realizada a los británicos señalaba este dispositivo como aquel que tiene una experiencia de lectura más parecida al papel, así que sin duda debe ser este el motivo, excluidas las otras variables.

 

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