HIERBAS MEDICINALES

Mª ÁNGELES ARAZO

La casa olía a monte, a flores y plantas secas mantenidas en cajas de madera, en tarros de cerámica y cristal. Como todas las herboristerías, traía recuerdos de magia, de tradición legada por viejos que recogían semillas, por mujeres que buscaban amores, por monjas que elaboraban licores y jarabes.

Del centenar de tiendas dedicadas a herboristería y a productos dietéticos, la de Navarro era la más antigua. Se remonta a los tiempos de la guerra carlista y pasó siempre de padres a hijos. Cambiaron de local muchas veces, pero iban acumulando experiencia transmitida oralmente y en cuadernos donde es fácil leer: «Para combatir los nervios, el agua antihistérica que los carmelitas descalzos preparan con toronjil y se usa desde 1611. También las tisanas de flores de azahar y tila».

Entre las supersticiones se sugería para el mal de ojo el hisopo, el espliego y la angélica; como afrodisíaco, la ajedrea tomada con vino y miel. Y todavía hoy, contra las hemorroides se recomienda llevar dos castañas en los bolsillos.

José Navarro, sexta generación de herboristería, atiende con cordial humor igual a las señoras que buscan un remedio natural para el reuma, los callos, el colesterol o el insomnio, a las chicas que quieren adelgazar con tisanas de sen, cola caballo, té, fucus y galluba, y a los hombres que quieren multiplicar su potencia mediante el ginseng rojo coreano, cuyos beneficios son mencionados desde hace 5.000 años en los primeros herbarios chinos.

Es posible que los tatarabuelos del herboristero no rechazaran en sus preparaciones el agua de lluvia, la cera virgen, la clara de huevo, la leche de cabra, la manteca de oca y hasta la hiel de toro para los ungüentos, cataplasmas y lociones, o para aquellas bebidas que requerían el relente de una noche de luna llena.

Hoy, a la magia de la elaboración tradicional, les suplió el despliegue de productos de laboratorio garantizados por la investigación de químicos nacionales y de firmas alemanas, holandesas, suizas o francesas. A pesar de todo, hay que creer en la influencia de la luna llena.