HAYA PAZ

NACH0 COTINO

Era una evidencia que el reparto de las entradas de la final de Sevilla iba a levantar ampollas porque es imposible establecer unos criterios que no despierten la indignación de quienes no terminan consiguiendo un asiento en un hito tan importante. Y creo que en el club hubieran estado muy cerca del acierto de no ser por la inquina , casi personal, que se le sigue teniendo al colectivo que con más pulmón y dedicación abandera la animación del estadio cuando el equipo más lo necesita. Vaya por delante que no comulgo ni con la huelga de brazos caídos de la Curva ni con los insultos al presidente del Valencia, pero no tener en consideración a la Curva Nord de cara a una final, además de ser una gran injusticia, me parece una torpeza mayúscula. El miércoles pudimos comprobar qué es Mestalla sin el grupo de animación y en qué se convierte el coliseo cuando afinan su garganta, y por mucha banda de música esperando al autobús y por mucha megafonía, no hay color. Entiendo que el privilegio que supondría que dicho grupo tuviera cierta preferencia a la hora de poder comprar su entrada para la final estaría absolutamente justificado por su empeño en elevar los decibelios en favor del equipo, algo que agradecen y reconocen los propios futbolistas. Creo que todavía se está a tiempo de buscar una solución y que no hay necesidad de recrudecer un conflicto que a nadie beneficia más allá de el ego personal de quien aviva el incendio. Si en la Curva hay algún 'elemento' proclive a la violencia, el club debería denunciarlo donde corresponda para que sea apartado del 'rebaño', pero hay más acusaciones veladas que denuncias concretas y, mientras tanto, el colectivo no ve compensada su dedicación y su empeño en llevar en volandas al equipo. Creo que la relación entre el club y la Curva está preñada de vicios y postulados equivocados: el club puede y debe exigirles un comportamiento adecuado ausente del más mínimo atisbo de agresividad pero a un colectivo que se significa por su juventud y su espíritu combativo no se le puede exigir docilidad y tengo la sensación de que lo que se está haciendo, ahora que se presenta una final, es utilizarla para castigar su 'no docilidad' en tiempos pasados: un error y una injusticia que viene a quebrar la concordia contaminando Mestalla con un aroma de confrontación que anda muy lejos de ser el adecuado para afrontar un apasionante final de temporada. Sería conveniente que dejasen todos de mirarse el ombligo, que aparcasen insultos y menosprecios y que tuvieran la humildad necesaria para sentarse a una mesa y encontrar una solución que venga a pacificar el ambiente de Mestalla, si puede ser, para siempre. Ni el presidente es un canalla ni la Curva es un grupo violento. Habrá que apearse de posiciones intransigentes si es que hay intención de generar un clima de unidad en torno al equipo y a la institución. Si hay 600 entradas para la Asociación del Pequeño Accionista ... ¿cómo no va a haberlas para la 'garganta de Mestalla'?