Estamos hartos

Y así nos va, envueltos en el sopor del verano, en la indignación de tres años de no tener gobiernos de verdad

CÉSAR GAVELA

La pregunta es si podrá salir algo positivo, algo dignamente aceptable para la ciudadanía cuando termine este verano de tedio político, de ambición desmedida, de narcisismo abrumador, de palabrería gastada y de dirigentes que un día dicen una cosa y el otro la contraria, y así sucesivamente y sin rubor alguno. Con la credibilidad por los suelos. Es una costumbre endémica, sobre todo en Pedro Sánchez, aunque también tiene un buen seguidor en José Luis Ábalos, otro vacilante comentarista -y protagonista- de los avatares políticos. Todo sigue en el alero, y así se nos va pasando el mes de agosto, un tiempo que debería ser para el descanso, para la búsqueda de la claridad y la recuperación mental de nuestros dirigentes. Para que reflexionaran por qué aquel pacto PSOE-Ciudadanos que fue viable en 2016, hoy es quimérico. Por qué es imposible un nuevo y lógico acuerdo de los socialdemócratas y los liberales, ahora más derechizados, de Ciudadanos. Y sin esa opción, la única que garantizaría estabilidad, sosiego y un devenir estimulante en la vida política, el asunto no tiene salida estable.

Ese desencuentro lo seguimos comprobando día tras día, en este agosto ardiente y tedioso. Hartos los ciudadanos de tanta megalomanía, de tantas piedras en casi todos los caminos, de tanta extrañeza en quienes, adalides de la unidad de España, y de la defensa de los valores constitucionales -está en su ADN y me refiero a Ciudadanos - perseveran en ver cómo se puede despeñar Sánchez, no de la Moncloa, de donde probablemente nadie le va a sacar en luegos años, sino en olvidar las cosas que importan a la gente: tener un gobierno creíble, hacer políticas sensatas y dar confianza a las personas, a los empresarios y a Europa.

Nada de nada por ahí, tan lastimosamente, y la cambiante dinámica de Pedro, que aborrece a Pablo porque el de Podemos es más listo que él, más brillante y peligroso pese a su merecido descalabro electoral. Pedro, que no se fía de Pablo y hace bien, no puede darle ni un milímetro de margen, y así nos va a todos, envueltos en el sopor del verano, en la indignación de tres años de no tener gobiernos de verdad, en la maldición que ha caído sobre la patria que aborrecía el bipartidismo. ¡Menudo negocio hemos hecho...!

Pero abandonemos el hartazgo, siquiera por quince días. Que no nos amargue el resto del mes, tan propicio para la familia y el viaje, para la lectura que enriquece, para distanciarnos de la matraca del desgobierno y de la chifladura de la imposible secesión catalana, que ya calienta motores, aunque entre bronca de canónigos identitarios, en vísperas de otra ceremonia chiíta el 11 de septiembre. Estamos hasta el gorro, y es el momento de ponernos a leer a Séneca. O a Marco Aurelio. O la prensa deportiva, como hacía Rajoy. Sin olvidar, obviamente, a LAS PROVINCIAS. Mientras el calor y el estupor continúan.