HARTAZGO NACIONAL

HARTAZGO NACIONAL
IGNACIO GIL LÁZARO

Mañana comienza el debate de investidura. Antes, semanas desperdiciadas a cuenta de la ambición enfrentada de Sánchez e Iglesias. Tiempo en el que ambos han demostrado no tener sentido de Estado. Dimes y diretes pueriles. Juego tramposo sin más causa de fondo que la pugna por el sillón. Negociación sobre programa y objetivos, ninguna. Patético. Sánchez proclama su veto a Iglesias argumentando necesitar un vicepresidente que defienda la democracia española. Afirmación incuestionable si no fuera porque el propio Sánchez busca que independentistas y batasunos le faciliten la investidura al precio que sea que ya llegara luego el momento de cumplir y abonar la factura correspondiente. El colmo del cinismo. Crece en consecuencia el hartazgo nacional. La gente no aguanta más tanta tomadura de pelo mientras las dificultades de verdad lastran la vida cotidiana de todos. El alquiler de vivienda disparado, los salarios perdiendo aceleradamente capacidad adquisitiva o el empleo en precario son indicativos que configuran un panorama muy turbio. Inquietante. Peligro de muerte que amenaza la supervivencia de la clase media. Un riesgo gravísimo para el porvenir nacional. Sin embargo, a socialistas y podemitas les trae el fresco. Están a otra cosa. Iglesias solo quiere ser ministro y se ha montado un referéndum a la carta para esgrimir a su favor la coartada de las bases. Su pirueta final la escenificó el viernes. Pasa por no estar en el gobierno si entra Irene Montero. Dicho sin decir. Entre líneas. Sánchez, por su parte, parece dispuesto a repetir elecciones de no plegarse Podemos. Despropósito inútil. El reparto actual de escaños entre bloques no variaría en lo sustancial propiciando en cambio mayor inestabilidad al coincidir el proceso con la batalla que el separatismo dará en Cataluña tras la sentencia del Tribunal Supremo. Y esto es lo que hay. Desde el 20 de diciembre de 2015 España vive en un bucle enquistado. Cuatro años perdidos de cara a promover las reformas precisas para encarar el futuro con éxito. Una urgencia aparcada. El fracaso evidente de la nueva política.