LA HAMBURGUESA

ESTHER ASPERILLA

Hay un episodio de 'Cómo conocí a vuestra madre' en el que Marshall, el protagonista, embarca a todos sus amigos en una misión para encontrar el restaurante en el que se comió su primera hamburguesa en Nueva York. Les reúne y les hace recorrer la ciudad de punta a punta para encontrarla.

Yo me he dado cuenta de que hago algo similar. De niñas nos llevaban a mi hermana y a mí a un puesto (uno de esos que ahora llamaríamos food-truck) instalado al principio del paseo marítimo del lugar en el que siempre hemos veraneado. Vendían varios tipos de comida pero sobre todo hamburguesas. Las mejores que he comido en mi vida. Durante varios veranos esa fue mi cena en vacaciones. La que más ansiaba. La única que me apetecía.

El puesto desapareció con el tiempo pero aquella hamburguesa se quedó fijada en mi memoria. La he buscado desde entonces. Cada vez que huelo algo que meramente se parece a la hamburguesa de mi niñez, me arrastro dentro del local y la pido esperando evocar, revivir ese sabor. Marshall, en el episodio del que os hablo, la acaba encontrando. Yo tengo que reconocer que no lo he hecho. Y no será porque no lo he intentado.

He hallado algunos sucedáneos, sabores que se le parecen más o menos. Pero ninguna acaba de ser la perfecta hamburguesa que guardo en el recuerdo y que devoraba de pequeña. En el fondo, no me sorprende. Mi hamburguesa sabía (seguro) a ternera pero también a infancia, a inocencia y a sueños por cumplir. De hecho, cada vez soy más consciente de que mi hamburguesa perfecta no era (no es) perfecta en absoluto. No lo es porque no existe ni ha existido nunca.

Que, a través de los años, he idealizado aquella porción de carne de manera ficticia en mi pensamiento. Que ha sido, de alguna forma, pseudo-creada por mí. Así que he decidido borrarla, o al menos desdibujarla en mi memoria. Como en esa frase de la película Her, «el pasado es solo una historia que nos contamos a nosotros mismos», la mejor hamburguesa está, como tantas otras cosas, aún (siempre) por descubrir.