¿DE QUÉ HABLAMOS?

Comparar los impuestos pagados por los bancos en España con los beneficios que obtienen en todo el mundo carece por completo de rigor y de sentido

¿DE QUÉ HABLAMOS?
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Esta semana, el Partido Socialista ha presentado las 370 medidas que oferta a Unidas Podemos para convencerle de la conveniencia de prestar su apoyo en la investidura. Las medidas irían acompañadas de una serie de cargos, al parecer importantes pero fuera del ansiado y codiciado Consejo de Ministros. Si en el apartado político la medida estrella -y probablemente la más conflictiva- es la rotunda negativa a permitir un referéndum de autodeterminación en Cataluña, en el terreno económico creo que ocuparon el puesto las medidas fiscales y, en especial, la imposición de un suelo mínimo del 15% a las empresas en el Impuesto sobre Sociedades, que subiría hasta el 18% en el caso de la banca y las petroleras.

Se han dicho tantas cosas -y tantas barbaridades- al respecto de los impuestos que pagan las grandes corporaciones, que si se toma usted la molestia de preguntar en su círculo de amistades qué porcentaje de sus beneficios aportan al fisco, seguro que le darán cifras irrisorias y enseguida pasarán a comentarle el caso de los monstruos tecnológicos, Google, Facebook, Apple, etc. que, le dirán, no pagan nada.

Al día siguiente de que el PSOE publicitase sus medidas, un diario económico dio los porcentajes de los pagos de la banca extraídos de la información que las compañías envían a la CNMV y que ésta publica. La disparidad con la idea del Gobierno es enorme. Según los datos de la CNMV, el Banco de Santander pagó 5.230 millones de euros en el Impuesto sobre Sociedades, lo que supone el 35,4% de los 14.776 millones obtenidos como beneficio. Las cifras de los demás son menos espectaculares pero también relevantes. El BBVA pagó el 27,2%; Bankinter el 27%, CaixaBank el 25,4% y Bankia el 24,2%. Es decir, si les pone el impuesto en el 18% les hace un favor inaudito.

Como dudo mucho de que su intención real sea esa, es imprescindible averiguar de dónde procede tal disparidad. A mí sólo se me ocurre una explicación, que por otro lado me parece increíble, y es esta: los porcentajes de la discordia miden la ratio entre beneficios obtenidos y los impuestos pagados. Pero los beneficios obtenidos y los impuestos pagados ¿dónde? Los partidos de izquierdas acostumbran a comparar los impuestos pagados 'en España' con la suma de los beneficios obtenidos por las entidades en todos los países en los que están presentes. Visto así el porcentaje siempre será poco. Efectivamente es poco, pero sucede que el cálculo es inexacto.

Para espantar las demagogias y para extraer conclusiones válidas lo lógico es realizar las comparaciones en términos homogéneos. O comparamos los impuestos pagados en España con los beneficios obtenidos en España; o comparamos los impuestos pagados en todo el mundo con los beneficios obtenidos en todo el mundo. Por el contrario, comparar lo pagado en España con lo obtenido en todo el mundo carece por completo de rigor y de sentido. Sobre esa base nadie debería extraer conclusiones y menos conclusiones dañinas.

Siempre que hablamos de los impuestos pagados por los monstruos tecnológicos nos quejamos de que eluden y desvían sus impuestos, de tal manera que eligen bien aquellas residencias fiscales más benevolentes. Pues entonces deberíamos estar encantados de que nuestras empresas presentes en muchos países sean buenas ciudadanas y paguen sus impuestos allí donde realizan su actividad y obtienen sus beneficios. Además, y tal y como están las cosas, dado el gran porcentaje que suponen los beneficios de, por ejemplo, México para el BBVA, o el Reino Unido o Brasil para el Banco de Santander; si el Gobierno pretende que además de pagar allí vuelvan a pagar aquí, además de instaurar una injusticia de tamaño descomunal estaría introduciendo el virus de su destrucción. Ninguna entidad podría encarar algo así.

El asunto es tan importante que justificaría un esfuerzo -tampoco es para tanto, han descansado todo el verano-, por aclarar los datos de partida y explicar bien las condiciones concretas en las que piensan implantar sus ideas. ¿Pero esto no lo sabe Hacienda? ¿Dónde está el error?