Que no me gusta nadie, doctor

Los mayores recelan de gente que basa su campaña en abrazarse a Bertín; echan en falta a profesores con ceniza en la pechera

F. P. PUCHE

En las tertulias con gente de mi edad, la frase ya corre como la pólvora: «Es que no me gusta ninguno». Hay desgana, hay apatía, se miran hacia dentro y dejan de entender las encuestas; les maravilla que haya gente que lo tiene todo resuelto, que sabía lo que quería antes incluso de que hubiera candidaturas y ahora sigue imperturbable sin engrosar las filas del «no sabe, no contesta, me importa un pito, ellos sabrán...».

Mi gente, los más mayores, solo necesitaban esa triste desgracia de Madrid para ver con pasmo las elecciones que nos vienen. La palabra eutanasia les suena terrible, quisieran ver el asunto lejos de sus preocupaciones, pero no pueden evitar que el telediario abra con tanto dolor, seguido de un cadena de memeces expresadas por políticos, en vez de profesores bien preparados en los foros de Universidades serias, aquellas de muchos libros y pocos tuiters.

La Universidad, ay madre, la Universidad. Los de mi quinta evocan la serenidad de candidatos con ceniza en la pechera y algo que decir en la cabeza. ¿Qué pensaría mi maestro sobre la corrupción, el agua compartida, el corredor mediterráneo o los arrumacos del Gobierno con independentistas? Los de mi quinta, que supieron quién era Blas Piñar, recelan de Abascal como del diablo pero tienen tortícolis desde que Alfonso Guerra se les ha convertido en referente.

«Que no, que no veo yo a nadie... Que los veo a todos como de pasta de rosquilleta». Recelan, sí, de gente que ya ni se molesta en pensar cómo se llena una plaza de toros. Qué desastre ese hijo de Suárez; qué flojera... Los mayores recelan de Pablo Casado, que habla con un fondo de palmeritas sin que las cámaras te dejen ver cuántos le escuchan y qué pinta traen. Los encuentran graciosos, pero no profundos. ¿Cómo votar a alguien que va a hablar a 'El Hormiguero'? ¿Cómo confiar en alguien que lo basa todo en abrazar a Bertín? Piensan que Albert Rivera es muy agudo. ¿Pero basta eso para torear lo de las pensiones? Los jubilados quisieran seguridad; quizá que Inés Arrimadas no estuviera en la lista de Barcelona. Y les pasma la candidata que el PP ha puesto en Cataluña, experta encendedora de tracas que los conservadores no necesitan ni aquí ni mucho menos allá.

La deuda de la Marina, el necesario ajuste del desquiciamiento autonómico, el desmoronamiento de los mitos de aquella larga Alcaldía, el oportunismo casual del calendario de algunos jueces... Mayores. Muchos y muy callados. Igual que los electores entre 18 y 25 años, los mayores de 65 son un segmento sin explorar que puede decidir muchas dudas. No ven bien que las derechas configuren nada bueno con Vox y se asustan cuando Ciudadanos y el PSOE se repelen de forma agresiva... porque en el fondo estiman que esa es la única solución de este crucigrama. Al final se atreven y hacen la pregunta:

-Si meto un sobre vacío ¿eso es voto nulo o en blanco?