EL GRIFO

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

El país que más reservas de crudo acumula en sus entrañas es incapaz de proporcionar agua corriente a sus ciudadanos. Así evolucionan las revoluciones de pacotilla lideradas por capitanes absurdos de verborrea diarreica. La revolución de los delirios no sólo reduce a la población hacia a la hambruna, sino también hacia la sed. Si el nefasto Maduro tuviese un mínimo de dignidad, de decencia, dimitiría. Ya que es incapaz de solucionar problemas básicos sólo cabe esperar su renuncia. Que se aparte en un gesto final. Pero no lo hará, esta clase de revolucionarios fondones abrazan la tradición psicopata de los comunistas fanáticos. Venezuela es el actual páramo del plomo, el hambre y la sed.

Cada vez que hablo con cooperantes o con periodistas que han desarrollado sus tareas en tierras devastadas por la pobreza y la corrupción, todos coincidían en lo maravilloso que resulta un simple grifo del que brota agua. Insistían en este sencillo detalle y explicaban que nosotros, desde la opulencia de nuestra primer y quejoso mundo, nunca percibimos cómo te cambia la vida, a mejor, claro, cuando dispones de ese grifo cercano que te permite cocinar, lavar y, sobre todo, beber hasta la saciedad. En la Venezuela masacrada por el tirano Maduro se diversifican las colas, ahora la gente se arracima frente a los desagües para cargar sopa parda en sus cubos. El paraíso del totalitarismo comunista sólo brilla en las zonas de las difusas teorías de profunda empanada mental, en la práctica encierra al pueblo en la cárcel de las mayores privaciones. El colapso de una sociedad aterriza cuando desaparecen los alimentos y ni siquiera circula el agua, en ese caso, más temprano que tarde, irrumpe el estallido de violencia. Venezuela no puede beberse su petróleo y el energúmeno engarfiado en la poltrona mata a fuego lento.