GREMIOS DOCENTES Y TEMPOREROS DE LA TIZA

GREMIOS DOCENTES Y TEMPOREROS DE LA TIZA
PABLO ROVIRA

Mandarinas en invierno, alcachofas en primavera y calabazas (escolares) en verano. Mercado de temporada, trabajo de temporada. Los docentes se han convertido en temporeros de la tiza. No me lo entiendan como una falta de respeto, sino como una descripción laboral. Lo que suma el turismo en verano, resta la Educación, en términos de empleo. Educación ha perdido casi 115.000 afiliados a la Seguridad Social, según el Ministerio de Trabajo. Y recogía la prensa: el empleo en el sector baja, contando junio y julio, un 18,5%. Es decir, para un quinto del profesorado, la aseveración envidiosa de «y con dos meses de vacaciones» es más bien y «ahora dos meses en el paro».

El proceso no es diferente a otros muchos sectores: termina el curso -el periodo de producción- y se prescinde de los trabajadores hasta que comience el nuevo ciclo. Con ello el contratador ahorra sueldos que se endosan a la Seguridad Social, de tal forma que el trabajador durante ese periodo consume la cobertura por desempleo que genera durante el curso hasta la nueva contratación. Insisto: sucede en muchos sectores productivos. El caso de Educación tiene, en cualquier caso, sus singularidades. Fundamental, el tamaño del sector. Tres cuartos de millón de profesorado hay en España, una fuerza laboral que está recobrando tamaño tras la crisis económica. La crisis también acentuó algunas modalidades de contratación hasta entonces más minoritarias que aumentaron la temporalidad. Modelos de los que también abusó la Administración pública dejando sin cobro de verano a sus interinos.

Para bien o para mal, el laburo escolar es así. En julio y agosto se detiene y tiende a una mayor concentración, no extensión. La corriente de adelantar las recuperaciones a junio, profundiza en esta concentración. Aparte el tema de los ciclos formativos, con unas prácticas obligatorias que reducen todavía más el curso de docencia directa. Además, en términos laborales, no hay que pensar sólo en la enseñanza reglada, sino en todo el resto de 'escolarización' informal que completa la agenda infantil de invierno: las extraescolares y los servicios complementarios: desde la academia de inglés y/o refuerzo, a los monitores de comedor escolar. Las academias de repaso de julio, por lo comentado de adelanto de las recuperaciones, languidecen laboralmente estos julios. Esta temporalidad, pero no sólo, da trabajadores de la enseñanza de primera, de segunda... y de cuarta. Los de catorce pagas y, efectivamente, tres meses de vacaciones, a los mercantiles o los itinerantes que dan unas pocas clases en un centro y agarran el coche para dar clase en otro. Así, por ejemplo, están muchos profesores de Religión, entre otros.

Porque otra característica del empleo docente es, junto con la temporalidad, el trabajo por horas. El horario incompleto es el gran enemigo laboral de un docente. Que en su centro no pueda completar sus horas y tenga que desplazarse o el pago delegado no le abone la nómina completa.

Y como temporeros de la tiza, y entramos en un terreno exclusivo de la Pública, muchos docentes deben desplazarse allá donde hay cosecha de horas de docencia. Hablamos de la polémica inconclusa de la interinidad.

En esto, el conflicto tiene un fondo semejante con el sector del taxi que estos días ha paralizado nuestras ciudades. En ocasiones, revestido de sindicalismo de clase se arropa el gremialismo más orgánico donde la defensa de los derechos laborales se confunde con el mantenimiento de, quizás, privilegios de una parte. Veamos: es sintomático que en las últimas oposiciones, en las que el 75% de los interinos ha aprobado, sólo se han presentado 49 interinos de los que ocupan las 500 primeras posiciones de la bolsa de trabajo de maestros. Son los números que proporciona Comisiones Obreras: de las primeras cien posiciones, sólo han intentado lograr plaza dos interinos. Es decir, la antigüedad en esas bolsas de trabajo se percibe como mayor protección laboral que el de conseguir una plaza de funcionario. Mientras, estos días miles de docentes buscan «soluciones habitacionales» o desplazamientos colectivos para sus nuevos destinos de septiembre. En un sector donde la cuantía de la nómina es rígida, las diferencias las forman las horas -y meses- de contratación y las condiciones de trabajo por lo que cuando en julio se dice que no hay clases, unos se van a la playa y los temporeros a la cola del paro.

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