LA GRAN OLVIDADA

Los cambios en las instituciones son previsibles tras el aterrizaje de un nuevo equipo en el gobierno autonómico. Si, además, hablamos de la Cultura y de un gobierno de izquierdas, el borrón y cuenta nueva forma parte de su ADN. La cultura, para algunos, o es de izquierdas o no lo es, de ahí que la llegada del Botànic hiciera presagiar un impulso intencionadamente diferenciado de lo anterior.

Es cierto que se ha potenciado lo propio. En algunos casos, literalmente. Los libros en valenciano, la música en valenciano o el audiovisual en valenciano han sido apuestas de público minoritario, como muestran los datos de consumo cultural ofrecidos por la propia conselleria, pero también la coartada para sonoros olvidos, en especial, de entidades centenarias como Lo Rat Penat.

Los olvidos se notan en las prioridades que se establecen, y al legado de Blasco Ibáñez me remito. El área de Cultura acapara apenas un 0'7% del dinero de los valencianos aunque prometieran subirlo al 1% en 2020, con los nuevos presupuestos. Y no es solo un problema de dinero sino de un conseller entregado a su otra tarea, Educación. Lo admitía de facto el propio Marzà cuando un año después de su llegada a la conselleria presentaba el proyecto #FesCultura para relanzar un sector que, a su juicio, estaba "casi muerto". Ahora quizás ha salido de la UCI, pero está lejos de ser dado de alta.

Algunos de los grandes buques insignia de la Comunitat han vivido momentos de zozobra. El más llamativo, el Palau de Les Arts, con la sonora dimisión de Livermore y la concatenación de problemas hasta hace un rato. Es cierto que la nueva dirección ha calmado las aguas pero aún no ha dado a conocer ni su proyecto ni la programación de la próxima temporada. El otro gran coloso que esperaba su hoja de ruta es el Museo de Bellas Artes, demasiado tiempo viviendo en un ay, entre las críticas de los expertos y el olvido institucional. Por fin, parece encauzarse in extremis con el Plan Museológico, pero tiene toda la lista de 'pendientes' sin tachar: la refrigeración, los restauradores, la reorganización del espacio y la espera de recursos estatales. El IVAM también los necesita, pero el ministro lo fió todo a unos presupuestos que no llegaron a aprobarse y, así, seguimos esperando a Godot. El mismo de esas instituciones que nunca se crearon, como la subsede del Arqueológico Nacional en Elche y el Museo Sorolla o aquellas que, una vez decididas, no terminan de despegar como la Nave de Sagunto o el Distrito Digital en la Ciudad de la Luz de Alicante.

En buena parte, los problemas en Cultura han venido del nombramiento de gestores, la precarización del sector y la falta de incentivos fiscales de las que se quejan en el mundo del teatro, la música o el cine. No faltan planes sino resultados. Y, sobre todo, una línea general que señale hacia dónde se camina.