LA GOYESCA DEL CAPOTE DE AGUADO

PEDRO TOLEDANO

El sábado se celebró en Ronda la LXIII edición de la corrida goyesca, la que por liturgia y ambiente, traslada a los presentes -los ausentes, aunque quieran no caben en el palenque rondeño que cada año repite llenazo- a la época de Pedro Romero, de quien se dice que fue el primer espada que puso orden en la lidia. Como se ve, festejo de rancio abolengo que arrastra una historia jalonada de grandes faenas, protagonizadas casi siempre por espadas de marcada personalidad. El maestro Antonio Ordóñez, impulsor y protagonista tantas veces de este singular evento, es uno de los mayores referentes de esa ya macerada tradición. Tesoro a seguir cuidando y respetando.

Y este año de Gracia de Nuestro Señor, una vez más se ha vuelto a producir en la joya arquitectónica que es el coso rondeño, ese encuentro con la magia que sólo puede emanar cuando se conjugan técnica, concepto e inspiración. El protagonista, Pablo Aguado, quien desde la feria de Abril de Sevilla, luce el marchamo de revelación de la temporada por haberse mostrado como un torero que imprime naturalidad y sencillez a la compleja técnica de la lidia. Hubo que esperar hasta el sexto de la tarde, cuando ya quedaban muy pocas esperanzas de salir de la dinámica negativa en la que los toros febles de Juanpedro estaban arrastrando la tarde.

Ocurrio en el saludo capotero. La verónica, el lance por excelencia, fue la protagonista. El recibo casi en tablas para ir ganando terreno hasta llegar a los medios. No conté los lances. Debieron pasar de la docena. ¡Una barbaridad en esta modernidad de series cortas! Como barbara fue también la forma de jugar los brazos, acompasar el capote, templar la embestida, y... cargar la suerte a compás. Fíjense que teniendo este Aguado sello de la escuela sevillana, pareció más... rondeño. ¡De ensueño!

Antes, Morante, había dejado ramilletes de su reconocida torería. Y después, hubo sobrero. De Garciagrande, bravo y encastado. Se lo regaló Morante a Aguado en correspondencia al brindis que le hizo. Bonito gesto, y feliz broche a la tarde que se recordará como la del capote de Pablo Aguado.