OJO AL «GORDITO COBARDE»

FERRAN BELDA

No diré que amor, ni mucho menos que frenesí. Pero es evidente que entre Ximo Puig y su asesor y exalcalde de Gandia José Manuel Orengo hay algo más que amistad o una sana camaradería. De otro modo no haría oídos sordos a las habladurías que circulan sobre él. Desconozco si son servicios a la causa o sacrificios inconfesables los que han convertido esa relación en canónica, en indisoluble y dependiente. Sólo sé que aunque Ernest Nabàs habla por la herida -está dolido con el actual titular del Consell- cuenta en 'Memòries d'un roder' un detalle que aún hace aún más incomprensible esta inquebrantable unión. Nabàs asegura que Puig tardó 33 años en devolverle el favor que le hizo el periodista Javier Andrés al partirse el sueldo con él cuando el ahora presidente se quedó en el paro.

A Orengo, en cambio, sólo falta que le diga: «Pide por esa boca», para concedérselo al instante. Le acogió en el Palau cuando el presidente de la Diputación Jorge Rodríguez consideró que había cumplido más que de sobra la pena de aguantarlo como jefe de gabinete y se lo quitó de encima.

Como la sopa boba presidencial le sabía poco y Orengo es ambicioso, le pidió al 'molt honorable' que le dejara montarse su propio tinglado, Cical, una fundación de lo más prescindible. Y no es que se lo consintió, es que le organizó una colecta institucional para que no le faltara de nada. Dinero, personal, oficinas en la antigua estación marítima. Lo que quisiera. Fue tan espléndido con él que se desató un enorme escándalo cuando se descubrió de qué iba la vaina. Pero fíjense qué diferencia entre él y el Pedro Sánchez que se desembaraza de Màxim Huerta en cuestión de horas: no lo mandó a freír espárragos de viento a la Drova, que es lo que habría hecho cualquiera que se lo pudiera permitir. Lo volvió a acoger en su seno, cuál hijo pródigo. Sin importarle lo más mínimo que un día se le relacione con la financiación irregular de la campaña electoral del PSPV de 2007 (¿O sí, y por eso le da tanto cuartelillo?). Al otro pida a los miembros de la comisión de investigación del Senado que no le «torturen más» porque es un «gordito cobarde» y se lo contará todo. Etc. Etc. Etc. De lo que no cabe ninguna duda es que es un desahogado. Sirva como muestra este otro botón. Un informador le llamó días atrás para preguntarle por qué Cical le pagaba los gastos de desplazamiento desde su casa gandiense a Valencia. Y no es que le salió por peteneras, es que no le cantó aquello «este chollo no lo suelto/ me lo he ganado» porque no se la debe saber.

Pero no se privó de confesarle, y no es la primera vez, que Cical es necesaria y «se volverá a poner en marcha en cuanto pase la tormenta». Léase: en cuanto nos descuidemos.

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