Del Gobierno liberal al de izquierdas

Sánchez ha tirado la toalla para conseguir ser investido con la aquiescencia de Ciudadanos

CURRI VALENZUELA

Dos meses y medio después de haber ganado las elecciones generales, Pedro Sánchez presenta hoy, por fin, las líneas generales de actuación del Gobierno que quiere formar, en un documento que va a explicar a Pablo Iglesias en la entrevista a la que le ha invitado para lograr su apoyo en la sesión de investidura anunciada para dentro de dos semanas.

Será un proyecto de gobierno progresista y de izquierdas, anuncian los socialistas. Lo cual revela que Sánchez ha tirado la toalla para conseguir ser investido con la aquiescencia de Ciudadanos, que es lo que lleva intentando desde hace dos meses a través de presiones directas e indirectas y amenaza de nuevas elecciones. Hasta que Rivera pegó un portazo hace unos días diciendo eso de que quien quiera pactar con ese PSOE funde un partido político, mensaje dirigido a los empresarios y gente importante (incluso Mariano Rajoy) que le han querido llevar por las buenas y por las malas a dar ese paso.

Si Rivera se hubiera plegado, Sánchez estaría proponiendo a día de hoy un gobierno de corte liberal con compromisos de bajada de impuestos similar al que sus dos formaciones pactaron tras las elecciones de 2015. Como se ha negado, presenta un programa más de izquierdas para cortejar a Podemos. Si hay una célebre frase que define al presidente en funciones es esa que popularizó Groucho Marx: «Estos son mis principios; si no te gustan, los cambio».

Lo normal es que el aspirante a presidente hubiera empleado estos dos meses y medio en elaborar un programa y negociarlo con sus posibles socios de investidura e incluso de Ejecutivo. Llama la atención que cuando ha recibido a los líderes de los principales partidos, a los que ya ha llamado a La Moncloa tres veces en estas últimas semanas, no les ha hablado de medidas concretas para mejorar la vida de los españoles. A Casado y Rivera les pidió que PP y Ciudadanos se abstengan en su investidura. Con Iglesias solo ha discutido dentro y fuera de su residencia, y en especial en los medios de comunicación, sobre si podrían formar un gobierno de coalición o de cooperación; o sea, con o sin ministros de Podemos. El para qué nunca lo ha puesto encima de la mesa.

También hemos seguido las pistas de los esfuerzos de Sánchez para ser investido a través de sus acciones aisladas. Y ahí seguimos: si leemos que los allegados del presidente valoran la posibilidad de indultar a los próximos condenados del independentismo catalán, debemos interpretarlo como que corteja el voto de ERC; si vemos una amable entrevista en TVE al terrorista Otegi, no hay duda de que el socialista ha calculado que necesita el apoyo de Bildu.

«Pedro Sánchez quiere ser presidente a toda costa y lo de menos para él es con que programa lo consigue», se quejó ayer Pablo Iglesias. Tras dos meses y medio, parece que el hombre que se muere de ganas de ser ministro se ha caído del guindo.