Gesto a Cataluña

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Así se interpreta en algunos medios el precipitado anuncio (teniendo en cuenta que aún no existe la completa seguridad de que el Parlament lo vaya a designar senador territorial) de que el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, será el presidente del Senado, como un «gesto a Cataluña», no sé si a la Cataluña independentista o a la que no fu ni fa, esa que vota a los socialistas o a la marca de Colau, como quiera que se llame, que en Cataluña la política es complicada de seguir ya sólo por los cambios de nombres de los partidos. No es, desde luego, una concesión a los 'españolistas' o constitucionalistas que reclaman la aplicación del artículo 155, aunque tampoco estos han aclarado cómo se resuelve el conflicto catalán más allá de la recurrente mención al ya popular precepto de la Carta Magna. El caso es que aunque Iceta se ha enfrentado a los independentistas -no con el ardor ni la intensidad con que lo ha hecho Inés Arrimadas (no hay más que ver el desprecio y el odio en la mirada de Quim Torra en su último pleno en el Parlament para entenderlo)-, la sola mención de las siglas PSC inquieta e incomoda a los españoles con memoria que recuerdan el convulso paso de Maragall primero y Montilla después por la Presidencia de la Generalitat, un periodo tras el largo reinado de Jordi Pujol que no sirvió para reconducir la autonomía catalana por los márgenes que establece la Constitución sino que permitió seguir avanzando en la construcción de una identidad nacional sustentada y sufragada con dinero público que ahora sueña con convertirse en un Estado.

La posible llegada de Iceta a la Cámara Alta ha coincidido en el tiempo con una de esas efímeras polémicas que se generan en las redes sociales a partir de una propuesta del periodista catalán Enric Juliana para que los consejos de ministros se celebren en Valencia, una forma de descentralizar y vertebrar España dando protagonismo a su tercera ciudad, un territorio de la antigua Corona de Aragón que posee una lengua autóctona y que está a la misma distancia de Madrid que de Barcelona. La sugerencia es atractiva aunque no pase de ser un simple entretenimiento de periodistas. Porque aunque es cierto que la Comunitat se ha aprovechado de la huida de muchas empresas de Cataluña, no lo es menos que cada vez que se habla de la solución del problema catalán, de sentarse a dialogar, de resolver el problema de financiación y de otros asuntos pendientes con el vecino del Norte, no son pocos los valencianos que se estremecen pensando en cuánto va a acabar costando la factura y quién la va a pagar. De momento, lo único que parece más o menos seguro -a expensas de lo que se decida en el Parlament- es que un catalán va a presidir el Senado.