La Generalitat rebaja nuestra historia 180 años

«Es como si les pesasen la responsabilidad y la gloria»

La Generalitat rebaja nuestra historia 180 años
Jesús Signes
Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

En 1987, el periódico reunió a un grupo de redactores y nos encomendó la misión de contar la historia de Valencia, año por año, a través de sus principales noticias. Fue entonces cuando caímos en la cuenta de lo grande, lo inabarcable, que es nuestra tierra: estuvimos más de un año encerrados en un cuartito, a pan y agua, y no había manera de concluir un plan que tenía que editarse, como al fin se editó, en 1988, cuando el Reino de Valencia cumplió sus primeros, esplendorosos 750 años.

Hace poco me he enterado que la Generalitat se dispone a cumplir 600 años, olvidando, o al menos obviando, los 180 años que transcurrieron entre la entrada en Valencia de Jaume I y la creación, en 1418, de la Diputació del General, oficina estable de recaudación de las Cortes nacida para que a la Corona no le faltara el 'cupo' valenciano.

¿Vamos a celebrar una historia de 600 años teniendo como tenemos 780? Demasiado recorte para un Consell que dice ser enemigo de los recortes. Escamotearnos ocho reyes más el emocionante interregno de Caspe, para decirnos que en realidad todo empezó cuando unos funcionarios se sentaron en una oficina fiscal, me parece rebajar las glorias de un Reino que hizo un papel bastante digno dentro de una confederación de notable importancia en la historia de España.

Parece, en efecto, un poquito castrador. La institución llamada Generalitat podrá tener seis siglos, pero el aliento fundacional del Conquistador, y nuestra vocación de construir juntos un proyecto de convivencia inspirado por el cristianismo y el derecho romano, van algo más allá. Todo eso, sin contar con que antes también había vida, y muy respetable por cierto, entre el Cènia y el Segura.

Con todo, ese recorte ha venido a coincidir con el rediseño o 'restyling' que se acaba de introducir en el escudo de la Generalitat, entre señales de alarma de los expertos. Los dibujantes, es obvio, hablan de simplificar el logotipo y de hacer más claras sus líneas: han tomado el dibujo anterior y lo han «adelgazado». Pero los heraldistas están diciendo, con el peso de su ciencia, que lo que se ha hecho, también aquí, es rebajar el peso de la historia y el nivel de los símbolos. La corona del yelmo, que llevaba flores de lis, ya no es real, sino de vizconde; y al manto se le han quitado las arrugas. Metedura grave de pata y olvido de que la propia Generalitat tiene una institución oficial dedicada a cuidar de nuestros escudos y banderas.

¿Asuntos menores? Sin duda lo son, comparados con las injusticias y males del mundo. Pero para los que creemos en los indicios, no deja de ser llamativo este proceso de quitarse años y estirarse las arrugas del emblema. Es como si les pesase la responsabilidad y la gloria de la historia. No nos extrañe, pues, que la gente, en las encuestas, desconozca quién gobierna. Apenas son lo que quieren ser, recaudadores de gabelas.

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