Gatopardismo

Carmen Velasco
CARMEN VELASCOValencia

De niña cuando regresaba a Valencia después de pasarme casi tres meses de verano fuera de la ciudad, la casa de mis padres siempre parecía más grande, mi cuarto se antojaba distinto y el resto de habitaciones lucían un aspecto extraño. ¡Bendita infancia! La que cambiaba o crecía era yo, el piso no experimentaba modificación alguna. Ya de adulta acepto que catalogar septiembre como mes catártico o depurador es una construcción sociocultural, como lo es el amor, asumida por una inmensa mayoría. Tiempo y afecto son dimensiones que requieren estar bien cubiertas, al igual que las necesidades fisiológicas, con independencia de la estación del año. La vida no se altera al pasar la hoja del calendario ni el margen de maniobra se improvisa de un día para otro. Vivimos en una realidad móvil a la que tratamos de adaptarnos «como las algas se doblegan bajo el impulso del mar», escribió Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Septiembre es un mes gatopardista.