El gato espía

Hace unos años se supo que tanto Rusia como Estados Unidos estaban entrenando delfines o leones marinos para el espionaje de su Armada

Mª JOSÉ POU AMÉRIGO

En el caso de Julian Assange todo suena a montaje y todo parece posible. Es la paradoja de un asunto que tiene los elementos suficientes para sospechar de que el poder aplasta a quien le cuestiona pero, al mismo tiempo, es capaz de presentar a quien lo hace como un paranoico peligroso para la sociedad. Esa es la imagen que hemos recibido de Assange en su salida por la fuerza de la embajada ecuatoriana. Su aspecto desmejorado, su barba larga y la resistencia que mostró daban la impresión de una presión extrema, sin embargo, su gesto con el pulgar asintiendo, desde el coche patrulla, hacía sospechar que todo era una maniobra conocida y calculada por el propio experto en filtraciones. Quizás nunca sepamos quién está escribiendo el guion de lo sucedido pero lo cierto es que todos parecen sospechosos en una historia propia de biopic en maratón seriéfilo de domingo. El último factor que se une a todo este despropósito es el gato. El gato de Assange fue puesto a salvo, según ha declarado la propia Wikileaks, antes de la detención. Incluso ha difundido en su cuenta de Twitter una imagen del felino delante de la televisión observando atentamente las imágenes de la salida de su dueño. Lo interesante, en cualquier caso, es el relato o la leyenda urbana que habla del papel espía del minino.

Dicen algunas voces que Ecuador sospechaba que el gato era utilizado por Assange para espiar por toda la embajada. Para ello le había adosado un micrófono o una cámara, lo que explicaría la tonta costumbre de 'vestir' a su mascota con corbatas. El dato suena un tanto paranoico, aunque propio de alguien que lleva siete años en un espacio cerrado sin salir a tomar el aire, pero no sería el primer animal adiestrado para espiar. De hecho, hace unos años, se supo que tanto Rusia como Estados Unidos estaban entrenando delfines o leones marinos para el espionaje de su Armada. Lo de los delfines fue incluso una denuncia de Hamás contra Israel, pero no parece descabellado con animales tan inteligentes como esos. Cuesta más imaginar a un león marino, tumbado en la orilla sin ganas de mover ese cuerpo rumboso, trasladando información confidencial al 'M' de los animales, como si se tratara de un James Bond peludo comedor de pescado. El problema, en cualquier caso, no sería el pobre animalillo, aunque los gatos sean representados a menudo en el cine y la televisión, como astutos colaboradores de los malos de película. Lo preocupante será, en todo caso, que los animales sean usados como objetos programados para facilitar el espionaje. Si en efecto es cierto, no hizo ningún favor Assange a su mascota poniéndole en esa tesitura y haciendo recaer sobre él la sospecha. Ni favor a él ni al resto de los miembros de su especie. Utilizarlo es demostrar poco afecto por su animal y mucho menos por un habitante urbano que ya sufre bastante en las ciudades el abandono, la persecución y el exterminio.