Nadie gana

Basta subir al autobús o tomar asiento en un bar para escuchar las quejas, más bien los insultos, de la gente hastiada

CURRI VALENZUELA

En lo único en lo que están seguros todos quienes se dedican a hacer encuestas en estos días es en el hartazgo de los ciudadanos con nuestra clase política. Tampoco hay que hacer mucho máster en sociología para saberlo, basta subir al autobús o tomar asiento en un bar para escuchar las quejas, más bien los insultos, de la gente hastiada de que los supuestos servidores públicos que viven de sus impuestos y hacen pocos ascos a la corrupción que les rodea sean incapaces una y otra vez de ponerse de acuerdo para gobernar este país.

Y, ¿qué hacen ellos? Echarse la culpa del desastre los unos a los otros, en un concurso permanente por ver quién dice la frase más hiriente contra el vecino, cómo maniobra para que al adversario se le tuerzan las cosas dentro de su partido, qué argumento nuevo esgrime para descalificar a quienes no piensen como los suyos. Estrategias que solo sirven para aumentar la desconfianza popular en todos los políticos por partes iguales.

Ahora resulta que Pedro Sánchez no podría dormir si los dirigentes de Podemos a los que ofreció puestos en su Gobierno hubieran aceptado la oferta; que Pablo Iglesias nunca se fio del líder del PSOE con el que resulta que se abrazaba solo para las fotos; que Pablo Casado se cree con arrestos para que los votantes de Vox renieguen de haber desertado del PP no hace tanto tiempo y que Albert Rivera sigue soñando con convertir a su partido en el hegemónico del centro derecha español. Un suma y sigue que hace pensar a mucha gente, y con mucha razón, que nuestros políticos están dedicados fundamentalmente a reírse de nosotros.

Pero ellos, a lo suyo. El PSOE confía en que el Tribunal Supremo se pronuncie esta semana a favor de exhumar el cadaver de Franco del Valle de los Caídos, una baza para supuestamente ganarse votos de la izquierda; el PP espera que la sentencia sobre los ERE se haga pública en medio de la campaña electoral para perjudicar a los candidatos socialistas, sobre todo en Andalucía, y Ciudadanos está deseando que Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes acudan a declarar como imputadas por su supuesta participación en la corrupcion del 'caso Púnica'.

A nivel de calle, como dicen los cursis: los políticos se comportan como esos vecinos de 'Aquí no hay quien viva', dedicados amargar la existencia de quienes residen a su alrededor, no como quienes habitan en comunidades de las que no salen en la tele, esas donde se llega a acuerdos sobre la mejora del portal que quieren unos a cambio de iluminar mejor la escalera a gusto de otros. Porque la gente, esa que todavía no ha renunciado a acudir a votar aunque sea por cuarta vez en cuatro años, prefiere el civismo, la concordia y la buena educación en sus relaciones. Lo que los políticos, en fin, no saben hacer. Y por lo que todos ellos, gane el que gane, van a perder.