Dos galopes épicos hacia la muerte

El del Lusitania en Madonna del Olmo y el del Alcántara en Annual

El arma de Caballería está caracterizada por la bravura y el sacrificio en las acciones de sus unidades, y tiene encomendados el reconocimiento y la seguridad, lo que conlleva alta probabilidad de contacto con el enemigo. Es una característica de la Caballería su rapidez de maniobra y su gran radio de operación, de ahí que las características principales de su acción sean la velocidad, la movilidad de sus unidades y la flexibilidad. En consecuencia, son imprescindibles en sus mandos y en los hombres y mujeres de sus escuadrones audacia, acometividad, iniciativa y espíritu de sacrificio.

Estas virtudes configuran el especial carisma de la Caballería y caracterizan el tradicional espíritu jinete del soldado de este arma, caracterizada históricamente por combatir a caballo y en nuestros días a bordo de vehículos acorazados, tanto de ruedas como de cadenas.

Hoy, día de Santiago, patrón de España y de la Caballería española, procede dedicar una sentida remembranza y un especial homenaje a dos de sus unidades, una que estuvo acantonada en Valencia entre 1899 y 1911 -el llamado en su momento Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14 -, y otra que honra a la Comunidad Valenciana teniendo su base en nuestra tierra: el Regimiento Ligero Acorazado Lusitania 8.

El regimiento Alcántara escribió en el Rif una de las mayores gestas de la historia militar, al sacrificarse sus hombres para proteger el repliegue de sus compañeros, salvando miles de vidas y el honor del Ejército español, ya la gesta del Alcántara fue uno de los pocos hechos heroicos de uno de los más vergonzosos fiascos de nuestra Historia: el desastre de Annual.

A las ocho de la mañana del día 10 de septiembre de 1911 llegaban al puerto de Melilla los efectivos del Regimiento Alcántara, de guarnición en Valencia, al mando del coronel Pedro Font de Mora, con 23 oficiales, 294 de tropa y 285 caballos, con la misión de participar en las campañas que se estaban desarrollando en la zona del río Kert.

En verano de 1921 el regimiento recibió la orden de proteger la retaguardia y los flancos de la retirada de unos 3.000 soldados españoles mandados por el general Navarro, desde Annual hasta El Batel.

El 23 de julio, el repliegue de los soldados españoles fue cercado por el enemigo en el barranco del río Igan y se vieron impedidos para proseguir la retirada. Era necesaria una intervención decidida y expuesta que fue encomendada a los jinetes del Alcántara.

En tal situación, y en cumplimiento de la misión que se le había encomendado, el regimiento Alcántara, con su jefe accidental el teniente coronel Fernando Primo de Rivera, lanzó nueve heroicas cargas frente a una masa de adversarios muy superior en número. El dramatismo de la operación llegó a su culmen cuando, en la última embestida alcantarina, los caballos estaban agotados y hubo que hacerse al paso, expuestos al fuego de fusil, ametralladora y artillería.

Los arrojados jinetes del Alcántara consiguieron contener a las fuerzas hostiles para que las tropas españolas, con cientos de heridos, completaran su repliegue, pero el precio de esta acción fue que de los 691 militares alcantarinos llegaran a El Batel únicamente 67 hombres.

Ciento setenta y siete años antes de las memorables cargas del Alcántara, el 30 de septiembre de 1744, otra gesta había pasado a los anales de la Caballería. El heroico protagonista fue el glorioso Regimiento Lusitania, cuyos jinetes sangraron y murieron en la batalla de Madonna del Olmo, paraje de las inmediaciones de la ciudad italiana de Cuneo, al Suroeste de Turín.

El avance de las tropas piamontesas amenazaba con romper la línea hispano-francesa de frente en el sector situado cerca de Madonna del Olmo y, a pesar de sus numerosas bajas, varias unidades selectas enemigas lograron abrir brecha en el dispositivo de las fuerzas hispano-francesas,

Los jinetes del Lusitania pasaron al contraataque y mediante sucesivas cargas buscaron sable en mano el flanco de la columna atacante, pero fueron enfilados desde la izquierda por el fuego de los sardos, que dejó fuera de combate a dos tercios del regimiento Lusitania, pero su sacrificio no había sido en vano, ya que para entonces acudieron nuevas unidades que consolidaron el frente y con ello se dio lugar a la victoria de la coalición propia.

La bravura y entrega sublime de los escuadrones lusitanos fueron premiadas con la concesión de un nuevo privilegio, caso único en los anales de la Caballería, como es llevar tres calaveras con las tibias cruzadas en las bocamangas, el derecho a ostentar en su estandarte una corbata negra en recuerdo de esta batalla, y la divisa «lusitania tessera onmi armatura fortier»

En la Caballería española y en el Regimiento 'Lusitania' nº 8 que da honor a nuestras tierras, perviven y se revigorizan cada día los valores que animaron a aquellos que desde tiempos antañones se encuadraron en sus escuadrones y lucharon al galope o en los blindados: espíritu de sacrificio, acometividad, bravura, generosidad hasta lo supremo, amor a la vida y desprecio por la muerte, que son permanentes en la Caballería española, y son los que hicieron posibles las gestas del glorioso devenir del Regimiento Lusitania, donde los hombres y mujeres, hoy bajo el mando de un prestigioso soldado, el coronel José María Inigo Simal, encuentran la razón de una vida de entrega al servicio, y acrisolan nobleza y valor como rectores de un rumbo a seguir, mientras cabalgan sobre lomos de acero por caminos de destrucción y muerte de medio mundo; un día a día en que se esfuerzan por ser dignos sucesores de aquellos que con su entrega y su vida ganaron las calaveras que hoy portan en su uniforme. Así, ese valor cobra existencia, señala la forma de continuar abriendo el glorioso camino de la Caballería española y consigue un eco en la eternidad.