FUTBOLISTAS CORRUPTOS

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

En una sociedad tan dependiente del teléfono móvil y que se mueve a impulso de memes, vídeos y minicomentarios más o menos graciosos, hay imágenes que a pesar de la sobreabundancia no tanto informativa como comunicativa (que no es lo mismo) que tiene que soportar el ser humano consiguen superar la barrera que separa el anonimato de la fama, por efímera que esta sea. La terrible foto de Aylan Kurdi, el niño ahogado en la playa de Ali Hoca Burnu, en Turquía, nos impresionó y conmocionó, dio pie a miles de comentarios, tertulias, conferencias, debates, libros, exposiciones y campañas, se convirtió en un símbolo del drama de los refugiados, llamó a las conciencias de los dirigentes y de los europeos acomodados que miramos desde la plácida distancia el sufrimiento de los otros. Podría decirse que no sirvió para nada, que aquella, como tantísimas otras, fue una muerte inútil porque al fin y al cabo nada se ha resuelto, el problema sigue existiendo y no parece haber voluntad ni política ni ciudadana en resolverlo, porque tampoco hay una varita mágica que permita dar acomodo a los millones de desesperados que huyen de sus hogares y reubicarlos en otros países sin provocar con ello serias fricciones sociales e identitarias. La muerte de Aylan fue en 2016. Al año siguiente, el 'procés' se quedó el papel protagonista, con el referéndum ilegal, las urnas chinas, los mossos que dejaban hacer, la policía nacional torpemente dirigida por un Gobierno superado, la declaración con freno y marcha atrás... y el Rey. Por encima de todo, la imagen del discurso de Felipe VI alcanzó una potencia que, como en el caso anterior, no ha servido para encauzar un conflicto envenenado pero sí que ha permitido a muchos españoles identificarse con una institución, la monarquía, que hasta entonces era vista con cierta frialdad por muchos ciudadanos. 2018 ha sido el año de las mujeres, de las manifestaciones multitudinarias, de una reivindicación feminista que como ocurre siempre con cualquier asunto que se pone de moda ha cometido tantos aciertos como errores, excesos que no restan un ápice de verdad y justicia al fondo del asunto -la desigualdad entre sexos- pero que obligan a atemperar algunas actitudes. Para este 2019 que apenas suma 26 días ya hay una imagen que opta a la candidatura de foto del año: Cristiano Ronaldo y su pareja andando orgullosos, desafiantes, chulescos y encantados de haberse convencido después de que el astro portugués haya sido condenado a 23 meses de cárcel y a pagar 18,8 millones de euros por defraudar a la Hacienda española. La viva imagen de la corrupción futbolística, de la degradación moral, de la degeneración de un deporte de masas secuestrado por gánters, tramposos y defraudadores. Y encima les aplauden.