La funesta manía de leer

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

Por quinto año consecutivo hemos celebrado las interesantes Jornadas de Animación a la Lectura (JALEO). Con el apoyo del Cefire de Torrent (Consellería de Educación), el Colegio de Bibliotecarios y el tándem que forman Mar Benegas-Jesús González como promotores de la idea, este año hemos vuelto a convocar a casi dos centenares de interesados en «la funesta manía de leer». Con el aval académico de la UIMP, este grupo de apasionados lectores disfrutamos de una conferencia inaugural que, con el título 'Vivir con libros', impartió el escritor y periodista Jesús Marchamalo,

Afirmó que la mejor manera de conocer a un escritor es fijarse en sus libros. Mostró la fecundidad de esta tesis con fotografías de las bibliotecas de los escritores que había conocido y cuyas bibliotecas había visitado. Nos mostró fotografías muy curiosas de autores tan distintos como Onetti, Savater, Muñoz Molina, Trapiello o el valenciano Francisco Brines. Entrevistó a estos personajes y siempre les preguntaba por el criterio que tenían para organizar los libros que tenían.

Ni él mismo como escritor sostuvo que había un único criterio porque el gran problema de quienes ejercemos la funesta manía de leer es dejarnos atrapar por la lectura y la torre de libros que aguardan ser leídos. Afirmó que la biblioteca de un escritor es como una trinchera desde la que uno se defiende, cobija, vigila y cuida del mundo. Una metáfora fecunda porque en muchas casas el único reducto de resistencia ante la invasión de videojuegos y series son las estanterías de unos libros que están en doble fila, se amontonan en anaqueles, pasillos y sillas. Una metáfora incomprensible para un personaje tan famoso como Marie Kondo preocupado por seducirnos con «la magia del orden». ¿Cómo se le ha ocurrido a esta señora decir que en una casa no se pueden tener más de 35 libros?¿Sabe esta mujer lo que representan los libros para quienes escribimos?

El problema se agrava cuando el instalador del ADSL ya encontró el cable y antes de entregarnos la factura se le ocurre preguntar: «¿...y usted ha leído todos estos libros?». Pregunta que siempre nos hacía mi padre y mientras yo respondía que nuestros libros son herramientas de nuestro taller, Marchamalo respondía al técnico lo que algunos escritores responden: «no se preocupe por nuestra salud mental, solo los hemos leído una vez». Comentó las curiosidades que guardamos siempre en los libros, desde fotografías o viejos billetes de metro hasta fichas, postales o cartas de amor. Subrayados y usados, siempre conservan algo de lo que fuimos y de lo que ahora somos. Por increíble que pueda parecer, las torres de libros que nos rodean no sólo nos ayudan a 'ver lejos' y tomar distancia de nuestro presente, a 'ver más' y zambullirnos en nuestra memoria, sino a 'ver mejor' y conocernos un poco más -solo un poco más- a nosotros mismos.