Sé fuerte, Pablo

A Sánchez le iba a salir redondo: gobernaba y se aseguraba la continuidad después, hiciera lo que hiciera

Mª JOSÉ POU AMÉRIGO

Por poco no le escribió un «sé fuerte, Pablo», con tal de que aguantara el tirón para lograr el ansiado «gobierno de coalición». Para el caso, si es cierto lo que se cuenta, es lo mismo: Zapatero vino a hacer eso con el mensaje que mandó a Pablo Iglesias en medio del pleno de investidura. Cuando subió a la tribuna, Iglesias desveló que alguien muy relevante del PSOE le había escrito para que renunciara al Ministerio de Trabajo, pero reclamara las políticas activas de empleo. En el aire quedó un aroma a traición que, en realidad, impregnó toda la sesión en el cruce de acusaciones de unos y otros. Tanto si fue Zapatero como si no lo fue, lo cierto es que los contrincantes saltaron a la arena para dejar malherido al otro gladiador. Sin piedad. Inexplicablemente crueles. Sobre todo si tienen que retomar la negociación o si, pasadas las elecciones, no les queda más opción que ésa. Zapatero, con su presunto mensaje, evidenció las dos almas del partido: la que quiere permanecer en lo alto y la que da por hecho que tiene que compartir el trono. Dos opciones difíciles por cuanto compartir supone arriesgarse a ser burlado y fagocitado por una izquierda que se considera más pura, y permanecer en soledad obliga a derrotar y apartar al otro, justo lo que quiso hacer Sánchez con su demoledor discurso tras varias ofertas rechazadas y otras, de imposible asunción por parte de Podemos.

Lo estupefaciente era ver cómo ayer la vicepresidenta culpaba a la derecha de que Sánchez no fuera presidente. Era su baza desde el principio: terminar pactando con los nacionalistas, independentistas y extremistas para culpar al PP y Ciudadanos de haberles abocado a ese flirteo con fuerzas inaceptables. La opción lo tenía todo: por un lado, conseguía el propósito de Sánchez, que no es otro que seguir siendo presidente del gobierno; por otro, disculpaba el hecho de que hubiera tenido que buscar aliados entre los más demoníacos. Tenía la coartada perfecta para rechazar las críticas que durante cuatro años hubieran desgastado al gobierno ante los moderados de centro que son quienes decidirán, tras el desarrollo de la legislatura, dure lo que dure, quién gobierno después en España. A Sánchez le iba a salir redondo: gobernaba y se aseguraba la continuidad después, hiciera lo que hiciera. Dos pájaros de un tiro. Sin embargo, el empeño de Podemos por mostrar las intransigencias del PSOE abocando a la izquierda a una fallida toma del Palacio de Invierno, desarmó la estrategia tan bien diseñada por los gurús de Moncloa. Eso explica que ahora tengamos que soportar durante semanas que Calvo y su corifeo se dediquen a señalar hacia la derecha como la culpable de la parálisis, de la dificultad de llegar a acuerdos y, lo que es más sorprendente, de la incapacidad de la izquierda para poner sus intereses particulares por detrás de los intereses generales, incluso, los intereses de la propia izquierda.