El fraude de Antifraude

A. Rallo
A. RALLOValencia

La confrontación política, por desgracia, se centra en debates superficiales. Y en las campañas se acentúan todos los males. La Agencia Antifraude, capitaneada por Joan Llinares, es uno de esos asuntos que se manejan de forma simplista. El PP ha anunciado que quiere terminar con el citado organismo. Pero no trufa la propuesta de argumentos. Compromís, con el siempre discutible humor de Joan Baldoví, resuelve que los populares lo quieren hacer para seguir siendo corruptos. Esta conclusión, tan original como falsa, satisface los estómagos de los agradecidos a las siglas. Pero, ¿no sería más leal con los electores que la formación nacionalista se informara de qué pasa en la Agencia? ¿Y que el PP hiciera un ejercicio por explicar los motivos de su iniciativa? Porque por el hecho de que a algo se le apellide Antifraude no merece ser santificado. Es obvio que cualquier partido político quiere luchar contra la corrupción. Pero se trata de optimizar los recursos; de buscar la mejor fórmula para lograr los fines. ¿Podemos hablar de una entidad eficiente cuando casi la mitad de los altos cargos se ha marchado ante la carga de trabajo y la falta de medios? Eso, Compromís lo sabe y lo oculta. ¿Qué ha ocurrido para qué Llinares no haya encontrado un nuevo director de investigación tras la marcha del titular a los seis meses? ¿Por qué le han 'colocado' a un agente de la UCO, un perfil totalmente alejado de todos los que había sondeado hasta la fecha y que han rechazado su ofrecimiento? ¿Cuánto dinero ha logrado recuperar la Agencia cuando ya lleva más de un año? ¿Por qué el único informe que ha enviado a la Fiscalía, el de la EMT, se lo han archivado? ¿Por qué los funcionarios no quieren trabajar con el director? ¿Y si Llinares fuera al mismo tiempo el problema y una de las soluciones?