ANA FRANK VIVE EN CATALUÑA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

No me escandaliza que Elsa Artadi, portavoz del Govern de Torra, utilice una frase de Ana Frank justo en la fecha en que se cumple el 69 aniversario de su muerte en el campo de concentración de Bergen-Belsen, a donde fue trasladada desde Auschwitz, su primer destino tras ser capturada después de haber permanecido encerrada en su casa. No me escandaliza ni me sorprende porque he leído lo que opinan algunos independentistas como Artadi, sé de su ideología etnicista y supremacista y conozco, por consiguiente, la desvergüenza con la que se manejan, su absoluta falta de pudor y la capacidad infinita para retorcer argumentos hasta el punto de acabar presentado como víctima al verdugo. Porque si en Cataluña hay una Ana Frank -en realidad, varios millones de Ana Frank- son los que no asumen el discurso soberanista, aquellos que se sienten catalanes y españoles y quieren seguir viviendo con normalidad dentro de España. O los que por no hablar catalán se ven no ya discriminados sino señalados y despreciados, como los judíos a los que los nazis ponían una estrella en la manga de la chaqueta, paso previo a enviarlos a un «campo de trabajo» que es como ellos llamaban a las fábricas de exterminio como Auschwitz. Las Ana Frank de Cataluña son las personas que trabajan en comercios y no rotulan sus negocios en catalán, las que no admiten los relatos fantásticos y falseados sobre la historia de Cataluña y su relación con España, las que tienen miedo de sacar a su balcón la bandera rojigualda para no ser tachadas de fascistas y arriesgarse a represalias. No pueden ser Ana Frank los hijos políticos de Jordi Pujol, que como recuerda David Álvaro en un libro imprescindible ('Cataluña, la construcción de un relato'), se refería a los andaluces en sus primeros escritos -publicados en 1976- de la siguiente manera: «hombres que viven en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual». No pueden serlo los que comparten responsabilidades de gobierno con Quim Torra, el autor de esta frase sobre los españoles: «Son bestias carroñeras, víboras, hienas con una tara en el ADN». No pueden serlo los compañeros de aventura de Oriol Junqueras, que en un tiempo más reciente que el de Pujol sostenía que los catalanes «tienen más proximidad genética con los franceses que con los españoles». Proximidad genética... ¿no les suena esa forma de argumentar, no les recuerda a los nazis y su búsqueda obsesiva de la pureza racial? Tras haber leído toda esta sarta de majaderías propias de iluminados que destilan odio hacia lo español ni me extraña ni me escandaliza que Elsa Artadi recurra a una frase de Ana Frank para criticar la prohibición de los lazos amarillos en los edificios públicos durante la campaña electoral. Simplemente me da pena por Cataluña.