FRACASO ROTUNDO

FRACASO ROTUNDO
IGNACIO GIL LÁZARO

Pedro Sánchez compareció esta semana ante el Pleno del Congreso. Casi cinco horas de bravuconadas y palabrería ajenas por completo al sentido de la responsabilidad que exige la situación nacional. Falaz, desafiante y cínico el presidente en funciones llego dispuesto a cargar contra todos. A Albert Rivera le llamó hipócrita. Con Pablo Casado se puso chulete crecido en plan perdonavidas. No obstante, su intención principal era cebarse con Pablo Iglesias. Y allá fue. En consecuencia, bronca sonora entre ambos que acredita de nuevo el fracaso rotundo de la izquierda para articular una opción de gobierno coherente y estable. Ninguna propuesta seria. Solo machos alfa marcando territorio. Dos tipos mediocres puerilmente atrincherados en su vanidad y en su soberbia. Nada más. Mientras tanto, la solución a las necesidades reales de los españoles dejadas de lado a cuenta de las ambiciones de estos dos personajes lastrados también por su inmensa antipatía mutua. Indignante. Es lo que hay. Sánchez e Iglesias han convertido la política nacional en una charlotada patética. Jamas los liderazgos de la izquierda estuvieron en manos tan zafias. Nunca la actitud de sus máximos dirigentes resultó tan desleal e inútil para la defensa del interés general. Tener que volver a las urnas el próximo 10 de noviembre será la evidencia irrefutable. Cuatro elecciones generales en cuatro años constituye una auténtica vergüenza colectiva. Tanto como la ultima intentona desesperada de Iglesias tratando de evitar la debacle electoral que le amenaza -lo del gobierno de coalición becaria a prueba de un año suena a opera bufa- o la negativa de Sánchez a explorar vías de salida al bloqueo distintas a la sola opción de lograr que el PP se abstenga sumiso. Por eso, la sesión parlamentaria del pasado miércoles puso en carne viva las miserias de una izquierda carente del más mínimo sentido de Estado y embarcada tan solo en luchas de poder. La deriva última de su anemia intelectual. El efecto impuesto por la ausencia de ideales. Una estafa absoluta a la democracia y a la gente. Desde luego, España se merece otra cosa.