Luz al final del túnel

BORJA RODRÍGUEZ

El grupo político Vox, liderado por Santiago Abascal, acaba de irrumpir en la fiesta andaluza a la que no había sido invitado y ha conseguido que en mayo todos esperen con temor la gran fiesta nacional. Los partidos acomodados en su zona de confort continúan en estado de shock y no dan crédito, ¿qué ha sucedido? -Oh cielos-, claman algunos, -ha llegado la ultraderechísima- o lo que es lo mismo un partido que llama las cosas por su nombre: unidad de España, cumplimiento de la Constitución, defensa de los españoles o el castellano como lengua vehicular para todo el territorio. Los más de 380.000 votos que ha conseguido Vox no son el resultado de una conversión fascista masiva. Es una mezcla de varios factores que han desembocado en ese trasvase de votos. Algunas de las personas que votaron por descontento a Podemos se ven motivadas a votar ahora a Vox al verificar que el tipo progre de las coletas que salía en La Sexta finalmente ha pillado un sillón bien pagado en el Congreso y se ha comprado un 'chalete' de lujo para vivir a pleno confort en una zona residencial. El de Galapagar, ese hombre de barrio hasta hace nada, ha sucumbido a todo lo que antes criticaba.

Es necesario añadir en la ecuación, el nivel de majadería en la política actual: los masculinos y las masculinas, mover a Franco de su tumba como asunto de Estado y así continuamente hasta tener la sensación de vivir en un punto de no retorno. La gente tiene preocupaciones como el paro, la sanidad, los independentistas catalanes, la educación, y los políticos no las solucionan ni se les espera a que lo hagan.

Ha llegado un partido que llama a las cosas por su nombre, podrán gustar más o menos pero ciertamente no se andan con las medias tintas del Partido Popular o los bandazos de un PSOE condicionado por sus alianzas con la ultraizquierda (si dicen que Vox es ultraderecha, llamemos a Podemos por su nombre). Todo ha cambiado de cara a las próximas elecciones del mes de mayo, hay nuevas reglas de juego: el peso del candidato local o regional no parece tener demasiada importancia, se vota mensaje, se votan siglas. No se puede agradar a todo el mundo y es necesaria una clara comunicación, incluso poniendo a la prensa en su sitio como nunca nadie se ha atrevido en este país. Y cuanto más ignore y vete Vox a La Sexta, más votos conseguirá en los comicios. Hay una lectura muy positiva en los resultados de las elecciones andaluzas y es que ha generado un clima de movimiento necesario en todo el plano político. Vox ha agitado el árbol de la democracia para hacer caer toda la podredumbre de sus ramas y parece que llegan para quedarse. No sé si tomarán nota PP, PSOE y Ciudadanos pero ya saben el dicho de que «cuando las barbas del vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar».

 

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