Fiestas populares

Grupos de 'botelloneros' recorren las verbenas de los pueblos para montar sus jaranas

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Las fiestas patronales se convirtieron en populares, acorde con los tiempos. Se imponía un giro laico; había que dar mayor cauce participativo a la diversidad. Así que los grandes festejos anuales del pueblo pasaron a ser populares de pleno, aunque se mantienen las fechas de siempre y el protagonismo de los santos patronos, volteos de campanas y procesiones incluidas.

En esencia sigue siendo parecido. Para el día del patrón hay clavarios y para el de la patrona clavariesas, y unos y otras se ocupan de recaudar lo necesario para pagar lo programado y desfilan cuando toca con cirios procesionales tras las imágenes. Mínimas concesiones a la tradición y al lucimiento de galas.

Por las noches hay verbenas y actuaciones de grupos rompedores de música moderna (conciertos, dicen ahora) que concentran a multitud de gente hasta que clarea el día. Un suplicio que soportan con resignación quienes no están de vacaciones y necesitan dormir. Pero, vamos, se tolera y se resiste, porque sólo son unos pocos días, una vez al año.

Sin embargo, las dosis de tolerancia del vecindario, incluidos festeros y festeras, están a punto de agotarse ante la descarada y pertinaz 'burrera' que despliegan cientos (a veces miles) de asistentes foráneos que acuden a estos festivales gratuitos. Porque lo que ocurre es que estas convocatorias festivas son utilizadas por ejércitos de espectadores ajenos al pueblo para montar enormes botellones en las calles y plazas, desplegar broncas escandalosas y sembrar toda clase de porquerías.

Entre la brigada de operarios municipales, los vecinos (cada cual frente a su casa) y los clavarios y clavariesas se ocupan de dejar el pueblo bien limpio cada mañana, como corresponde a unas jornadas de fiestas. Y cada día comprueban el despropósito creciente de los restos de la batalla; montones de residuos (orgánicos e inorgánicos) que les ha dejado la 'burrera' desplegada hasta un rato antes. Latas, vasos de plástico, botellas, papeles, bolsas, cristales rotos, meados, cacas, sillas destripadas, vomitonas, ramas de árboles, plantas deshechas, pintadas por las paredes, espejos retrovisores rotos, prendas de ropa usada...

Los menos avisados se escandalizan de que haya personas adultas, tal vez «con carreras», capaces de hacer sus necesidades fisiológicas en plena calle, entre los coches o en los portales de las casas. Y los que están más duchos en estas lides les advierten que si acudieran al menos un rato a la vorágine aún se alarmarían más, al comprobar cómo circulan el alcohol y las drogas, sin que nadie acuda a poner orden.

De manera que los hechos han impuesto una reflexión colectiva, y entre munícipes, clavarios y vecinos en general han dicho: se acabó, quien desee fiesta de este estilo, que se la monte en su casa, y que cague si quiere en el pasillo. Seguramente no habrá más verbenas populares gratuitas, para no atraer a esos grupos de 'botelloneros' que van de ruta, de pueblo en pueblo, aprovechándose de otros que les pagan la música y el escenario callejero.

 

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