La Feria de las Vanidades

Sánchez llama a consultas y suplanta el trabajo del Rey; pero los líderes de los partidos callan y acuden a la llamada

F. P. PUCHE

La crisis ministerial de hace un siglo, la de abril y mayo de 1919, fue generada por los gravísimos hechos revolucionarios de marzo. La carestía de la vida, el hambre, los motines, asaltos y atentados con víctimas, pillaron al conde Romanones sin apoyo parlamentario y tuvo que dejarlo. Un 14 de abril, precisamente. Pero los libros explican que fue llamativa la rapidez con que esta vez fue solventada la caída del gabinete: el mismo día de la dimisión, Alfonso XIII confió a Antonio Maura la misión de formar Gobierno y el líder conservador, a la mañana siguiente, fue a palacio con la lista de ministros ya preparada.

La de 2019, no es la misma situación, salvo el conflicto catalán, que sigue igualito. A Dios gracias, los problemas sociales y económicos de hoy son infinitamente menores. Tampoco es igual la estabilidad política; pese a que ahora se habla de una situación volátil y quebradiza, los gobiernos, por aquella época, se consumían más que las cerillas: tres hubo en cada uno de los años 1917, 1918 y 1919. Y el Maura que gobernó lo hizo por cuarta vez en su vida... aunque apenas disfrutó tres meses del calvario del poder.

No hay comparación... Pero sí que ha llamado la atención esta semana el papel de protagonista que Pedro Sánchez ha asumido, suplantando incluso el que el monarca tenía y tiene. Porque es el Rey el que ha de llamar a consultas a los líderes políticos, y el que ha de confiar a uno o a otro la formación de Gobierno, a la vista de las fuerzas que cada cual aglutine. Y esa es una ceremonia simbólica y sagrada, consustancial a la Corona, que debe hacerse visible en la Zarzuela o el Palacio Real... y no en la Moncloa, en manos de lo que se está configurando como un presidente de República de Famobil.

Son consultas previas, se dice. También se pretexta que se trata de evitar al Rey el feo que le hizo Rajoy cuando rehusó formar Gobierno. Pero no hay ni lo uno ni lo otro: las consultas previas entre líderes deben ser privadas. Hasta la llamada del Rey, que en su trabajo ni sufre desaire alguno, ni puede sentirse molesto. Don Felipe, el Jefe del Estado, está en su papel institucional, Constitucional, en el que se supone que, teóricamente, es un testigo o instrumento que ni siente ni padece. El Rey es el único verdaderamente independiente. Por eso, precisamente, tiene asumida una limitación excepcional: es el único español que, por ley, no ha podido votar en las elecciones últimas.

¿Anécdotas? También categoría. Pero Pedro Sánchez llamando a consultas en la Moncloa a todos los partidos menos a Vox, porque él lo decide, porque le encanta salir en los telediarios, es una extravagancia, un capricho, un infinito pecado de vanidad que va a pasar a la historia. Pero junto a él entran en la lista de tontos históricos Casado, Rivera e Iglesias, que han acudido como palomillas a la luz.