A favor de las campanas

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

En el bello pueblo de Beceite, en la comarca turolense del río Matarraña, preparan la celebración de un referéndum para que los vecinos decidan si las campanas deben tañir o no entre las 11 de la noche y las 8 de la mañana. La historia se repite: tendencia en alza a someterse a los caprichos del turismo. Como ocurrió recientemente en Cangas de Onís (Asturias), donde un juez llegó a dar la razón al dueño de un hostal que se quejó de que el canto de los gallos del vecino le espantaban los clientes. La sentencia obligaba a cerrar el gallinero, aunque el dueño del mismo presentó recurso. En este caso vuelve a suceder algo parecido: el propietario de un alojamiento rural de Beceite ha protestado porque algunos clientes le muestran su disgusto por los tañidos nocturnos de las campanas cercanas. Se supone que serán las campanadas que marcan las horas en el reloj de la iglesia, nada de volteos generales ni cosa parecida. Al parecer los turistas que llegan hasta allí exigen un silencio sepulcral y no aceptan que las campanadas horarias formen parte del 'pack' turístico rural. Menos mal que el alcalde de la población, Juan Enrique Celma, al mismo tiempo que ha ratificado que dará cumplimiento al acuerdo de celebrar dicho referédum, ha dejado claro que es partidario de que las campanas sigan tocando de noche, señalando que «desde el respeto absoluto hacia los turistas, no puede ser que pretendan cambiar la vida del pueblo y sus tradiciones; el que no quiera venir, que no venga». Porque un pueblo es como es, el que lo prefiera de otro modo, pues que se lo monte por su cuenta. De manera que como estas cosas se repiten tanto, será también cuestión de hacer proselitismo en favor de la belleza cultural de las campanadas y los cantos de gallos, en contra de los bobos modernos que quieren imponer silencios tan absurdos y artificiales.