LO QUE NO SE VE TAMBIÉN EXISTE

Los problemas de vertidos en las playas y acequias crecen mientras los vecinos alertan de la degradación del centro

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Está claro que el año ha sido duro para los políticos con precampañas y campañas sucesivas antes de ir a las urnas, además del esfuerzo que supone parecer amigos de cara a la opinión pública al anunciar los pactos de gobierno. Pero es que este mes los problemas crecen en Valencia a pasos agigantados sin que el Ayuntamiento acabe de reaccionar. Siguen adormilados.

Algunos vienen de muy atrás, como es la red de alcantarillado y colectores, donde hasta la Confederación Hidrográfica del Júcar ha tenido que dar un tirón de orejas al gobierno municipal por el vertido de aguas negras sin permiso a la acequia de Mestalla.

Conviene destacar lo de sin permiso, para recordar que numerosos tramos de la red de riego se utilizan todavía para el vertido de aguas residuales. El portavoz de Ciudadanos en el Consistorio, Fernando Giner, habla sin tapujos de crisis del agua de Ribó y cada día pesca un nuevo encargo que se hace a la contrata para parchear tramos que se hunden o que, sencillamente, están atascados y no hacen su función como parte de los colectores.

El anterior concejal del Ciclo Integral del Agua, Vicent Sarrià, aseguraba cuando la limpieza del colector norte, el famoso de las toallitas, estaba en su apogeo que no había entrado nadie a retirar residuos en esas tuberías desde hacía 20 años. Lo que está claro es que en los últimos cuatro no se puso el dinero suficiente para modernizar el sistema de evacuación, del que solía presumir por cierto el Ayuntamiento al recordar las inundaciones que se producían en el Marítimo hasta los años 80 del pasado siglo. La actual responsable, Elisa Valía, dice que con unos 30 millones se pondría todo en su sitio, colectores reparados y alcantarillado en estado de revista.

Es la Valencia que no se ve, la que pasa desapercibida. Ocurre igual con el estado del centro histórico en cuanto a las pintadas que llenan todas las paredes. Las brigadas municipales limpian, pero apenas se nota porque en unos días vuelve a estar todo igual. Tan lejos como ayer la asociación Círculo por la Defensa del Patrimonio difundía en redes sociales las fachadas del antiguo convento del Carmen, en la parte que recae a la calle Blanquerías.

La imagen ilustra este artículo y aunque parezca increíble se trata de un edificio protegido y subordinado a unas normas de conservación. ¿Ha pedido el Ayuntamiento a los propietarios la rehabilitación del inmueble? Es un ejemplo más de cómo están los barrios de Ciutat Vella.

También de otras zonas de la ciudad. Tras la publicación del reportaje sobre la cara más fea de Valencia, un lector me invitó por correo electrónico a que pasee por la calle Puerto Rico, en Ruzafa, mientras una joven hacía lo mismo para el Cabanyal.

Luego dirán que la prensa exagera, pero la verdad es que falta tiempo para atender a tantas quejas. En la Valencia que no se ve, la que no aparece en los hashtags promocionados por los partidos e instituciones públicas, también se encuentra el patrimonio que desaparece.

Antonio Marín, activista vecinal, envía fotografías de alquerías de Benicalap donde parece que acaba de pasar un tornado. Propiedades municipales que por fortuna se benefician de proyectos de rehabilitación, de momento sólo en el caso de una parte de la alquería del Moro, la futura sede del Consell de l'Horta. En esos asuntos conviene fijarse en verano, cuando la ciudad queda despoblada. Quedan más expuestos, más a la vista, pero a veces no podemos caer en la tentación de escribir sobre los helados o el número de mensajes que envían los valencianos por móvil. Eso es más fácil, de pantalón corto.

Todavía quedan dos semanas para acabar oficialmente las vacaciones, aunque algunos las prolonguen hasta que los críos vayan al colegio. Llegarán más deficiencias, más denuncias y casos de tramos del alcantarillado que necesitan una reparación urgente. Seguro que será así.

Y el inicio del curso coincidirá con la elaboración del Presupuesto municipal, donde se verá si se atienden las necesidades de los vecinos o se produce un reparto entre partidos de manera ordenada y milimétrica como ocurrió en el primer mandato. ¿Habrá más dinero para la red de saneamiento? Si el préstamo que se pedirá al Banco Europeo de Inversiones llega a tiempo, el gobierno de Ribó no tendrá más remedio que retratarse, pero de lo contrario ya veremos. En 2020, cuando otorguen las banderas azules, igual nos lamentamos.