EXHIBICIÓN IMPÚDICA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

La crisis institucional y económica que azotó España, la multiplicación de casos de corrupción y la mala imagen de los políticos provocó que se fueran adoptando medidas y aprobando reformas que venían a intentar mejorar aspectos de la transparencia de nuestros representantes públicos para derribar barreras y acercarlos a los ciudadanos. La idea era buena pero en su ejecución se han cometido algunos errores. Uno de ellos, seguramente el más evidente, es el de obligar a concejales, diputados, consejeros y resto de altos cargos de la Administración, tanto central como autonómica y local, a declarar los bienes que poseen. El supuesto propósito es hacer desistir al potencial político corrompible de cometer un delito en el ejercicio de su cargo que conlleve un enriquecimiento. Pero, ¿hay alguien que de verdad piense seriamente que aquel que acepta un soborno va a incluir en la declaración oficial de bienes el fruto de su fechoría? Es evidente que no, que el dinero sucio, el que no se ha ganado honradamente, no se canaliza legalmente y mucho menos se declara. A lo que asistimos, por consiguiente, es a un bochornoso 'striptease' en el que los representantes tienen que mostrar ante los demás sus 'vergüenzas', sus pisos, plazas de garaje, segundas y terceras residencias, coches, hipotecas, préstamos, planes de pensiones o acciones, pero sin que en realidad esto sirva para nada. Primero porque tampoco hay nadie que se dedique a comprobar no tanto su veracidad como el hecho de que se haya metido en la lista todo lo que realmente es propiedad del declarante o de su esposa o pareja. Y segundo y principal, porque toda esa exhibición no ha ayudado por el momento a destapar ningún caso de corrupción ni a pillar a ningún sospechoso, que ya se ocupa de mantener a buen recaudo y fuera de los ojos escrutadores de la ciudadanía las propiedades o el dinero que haya podido obtener de forma ilegítima. Todo esta exhibición impúdica e innecesaria no es más que una forma de parecer que se hace aunque en realidad no ayude en nada al propósito perseguido. Sitúa a los políticos en un escenario en el que deben mostrarse ante el público para que este se ría de su pobreza o se indigne ante su ostentosa riqueza. Los coloca en una situación de incomodidad, bajo la permanente sospecha de que algo habrán hecho (¿de dónde habrá sacado para tanto piso, para una casa tan cara, para tanto dinero en el banco...?) y no representa un avance auténtico ni para la transparencia del sistema ni mucho menos para el prestigio de la clase política. Por no hablar de cómo aleja del ejercicio de la función público a personas muy valiosas y profesionalmente competentes que podrían aportar su experiencia y conocimiento pero que no aceptan someterse a tan bochornoso 'striptease'.