¿Es Europa el nuevo Japón?

El país nipón ha mantenido un elevado estándar de vida y una sociedad con altos niveles de igualdad, por lo que no sería tan dramático encontrarnos con una situación así

¿Es Europa  el nuevo Japón?
ROSA DUCEECONOMISTA JEFE, DEUTSCHE BANK ESPAÑA

De un tiempo a esta parte muchos analistas económicos vaticinan una inminente «japonización» de Europa. Este término, de connotaciones negativas a nivel económico, describe una situación con un largo periodo de estancamiento financiero y deflación, como el que ha vivido Japón en las últimas décadas, acompañado de un alto nivel de endeudamiento público y un rápido envejecimiento de la población.

Podría ser una perspectiva preocupante porque, como Japón nos ha enseñado durante todos estos años, se saben las razones por las que se entra en esta situación, pero no cómo se puede salir de ella. El riesgo para la economía europea sería caer en un período excesivamente largo de bajo crecimiento económico y baja inflación, con una población cada vez más envejecida y una tasa de natalidad baja. Y si Japón lleva más de veinte años con los tipos de interés alrededor de cero y ha pasado la mitad de las últimas décadas con inflación negativa, en Europa parece que el Banco Central Europeo ha cambiado de rumbo y podría volver a bajar los tipos de interés este año. De hecho, es lo que descuentan ahora la mayoría de los analistas, incluyendo los de Deutsche Bank, que esperan que, para el próximo septiembre, justo antes de abandonar el cargo como presidente del BCE, Mario Draghi rebaje el tipo de interés que penaliza a los bancos por el exceso de depósitos en el banco central, desde el -0,40% al -0,50%. Eso sí, para evitar el fuerte coste de dicha rebaja sobre el sector bancario, es probable que Draghi decida establecer un sistema de penalización por tramos, es decir, cuanta más liquidez depositada más castigo, un sistema que hoy en día tiene países como Suiza, Suecia, Japón o Dinamarca.

Tipos por tanto aún más bajos, un crecimiento que se desacelera y una población muy envejecida puede llevar de nuevo a comparar esta situación a Japón. No obstante, es cuestionable que la situación actual de Europa sea exactamente igual a la del Japón de hace veinte años. La evolución poblacional apunta, efectivamente, a un rápido envejecimiento. Pero el crecimiento de la economía europea, aunque bajo, ha estado por encima del potencial en los últimos cinco años. La burbuja de crédito que estalló en Japón en los años 90 fue muy superior a la europea en 2008, y el país nipón se ha pasado muchos años reduciendo esta burbuja, mientras que en Europa el crédito volvió a crecer pasados tres años. La inflación europea está muy lejos del objetivo del BCE, pero es muy superior a la de Japón en los mismos estadios del ciclo. Y mientras la deuda pública japonesa vio un crecimiento pronunciado y constante, en Europa, gracias a los bajos tipos de interés actuales, se ha conseguido frenar su crecimiento y todo apunta a que ya hemos tocado techo.

Y pese a todo esto, ¿qué pasaría si Europa se viera abocada a vivir veinte años de "japonización"?

La valoración económica convencional sobre Japón es que el país ha afrontado una experiencia no demasiado positiva en las últimas dos o tres décadas. El PIB nominal se ha estancado, el nivel de deuda pública se ha disparado y se ha instalado cierta incapacidad entre los políticos para dar la vuelta a esta situación. Los inversores han sufrido especialmente, con la bolsa cayendo un 60% entre 1989 y 1991, y sin haber recuperado todavía el nivel de hace 30 años.

Pero si en vez de fijarnos en indicadores puramente económicos miramos a Japón desde otra perspectiva, la situación puede no ser tan terrible. Más allá de la baja inflación, el poco crecimiento del PIB y la elevada deuda pública, este país ha conseguido mantener unos estándares de calidad de vida bastante altos. Japón ha generado un crecimiento real del PIB del 1%, gracias a la mejora de la productividad. Y si nos atenemos a la teoría económica, los aumentos de productividad son los motores del crecimiento y la mejora de la calidad de vida a largo plazo. Una prueba de ello es que, según el Índice de Desarrollo Humano del Banco Mundial, Japón supera tanto a Europa como a Estados Unidos en crecimiento del desarrollo humano.

Esta mejora del nivel de vida no se ha dado, como argumentan algunos, a costa de una elevadísima deuda pública. De hecho, gracias a su alto nivel de ahorro privado, tanto corporativo como familiar, Japón es hoy el mayor acreedor del mundo, por encima de Alemania. Japón también ha sabido construir un sistema de educación pública eficiente, capaz de dotar a sus alumnos de mejores habilidades que otros países desarrollados, tal como indica el informe PISA que elabora la OCDE. Otro dato interesante es que el nivel de desigualdad de la población por ingresos es menor que en otros lugares como en Europa o Estados Unidos.

En conclusión, si analizamos la situación de Japón más allá de la óptica puramente económica, vemos un país que ha sabido mantener un elevado estándar de vida, un crecimiento económico per cápita decente y una sociedad con altos niveles de igualdad, con lo que no sería tan dramático encontrarnos con una situación así en Europa.