Europa

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Lo mejor de la política europea se deja ver de cerca en Valencia, exhibe músculo y se ofrece como ejemplo

F. P. PUCHE

El periodismo habitual suele ser bastante remiso a los temas europeos. Seguramente por eso, el eurodiputado Esteban González Pons se ha traído media Europa a Valencia. Desde ayer, notables empresarios, un grupo de altos dirigentes europeos y los eurodiputados del sello popular, se han venido a la ciudad en Fallas junto con el presidente y la vicepresidenta del Gobierno. Con todo, ya lo verán, el morbo se centrará en un invitado, el presidente gallego Núñez Feijóo, observado con lupa de aumento por los que andan pensando en la sucesión de Rajoy y en la paulatina presentación en sociedad de su posible delfín.

Sin embargo, los populares europeos van a debatir sobre la futura política agraria continental y sobre innovación y nuevas tecnologías. O lo que es lo mismo, sobre la despensa y la mesa de trabajo, sobre el estómago consumidor y el cerebro creador de millones de europeos llamados no solo a convivir y construir un futuro, sino a fortalecer las instituciones que les unen, aunque no las quieran reconocer, frente a sus enemigos, internos y externos, y sus competidores cercanos o lejanos.

Los problemas europeos son muchos y muy grandes. Basta ver las recientes elecciones italianas para tener un catálogo casi completo: electorado versátil y desilusionado, deseoso de probar cualquier novedad, por ajena que parezca a los usos de la democracia; y para desconsuelo, partidos desgastados y viejos, partidos comidos por viejas lacras, frente a partidos oportunistas y radicales, populistas, xenófobos, extremosos, circenses...

La fragmentación lleva a la ingobernabilidad. Y aunque todos nos intentamos consolar diciendo que Italia siempre sobrevive a las trampas que se tiende, en el fondo sabemos que ese consuelo podría ser el de los tontos. Preferimos el patriótico esfuerzo alemán, la sacrificada renuncia de los dos grandes partidos por conseguir una coalición estable que sea capaz de ofrecer cuatro nuevos años de confianza política a la sociedad y a la economía, Además de tender, con Francia, ese imprescindible puente que hoy da estabilidad a Europa frente a las veleidades de Gran Bretaña.

Inseguridad disgregadora a la italiana o fortaleza solvente a la alemana. ¿Qué prefiere esta España insultada y desafiada desde Cataluña? Observemos el escenario político europeo, que va a mostrarse en vivo entre las sesiones de trabajo del Hotel Westin y el balcón a la mascletà del Ateneo Mercantil. Basta ver el reciente trato del empresariado alemán al presidente del Parlament para entender que los reunidos en Valencia no van a dar ni la más mínima oportunidad a los golpistas catalanes. Europa es demasiado importante como para bromear con el nacionalismo y el populismo. Bastantes enemigos tiene fuera, como para no detectar a los de dentro.

Por eso, entre los retazos de la fiesta, quiero entender que la Europa mejor y más solvente pasa unos días en Valencia, muestra músculo y se ofrece como ejemplo.

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