UN ETERNO TREN FALLERO

- Burguera
- BURGUERAValencia

En el tren fallero va el personal disfrazado y se pasea por la ciudad en plan festivo. Estaba este fin de semana presenciando uno de esos desfiles, repletos de gente vestida de superhéroes, animalillos y demás, y terminé atrapado en una metáfora. Si diésemos por buena la distinción de Kundera entre los hombres épicos y líricos en cuanto a su relación con las mujeres, es obvio que me puede tanto la lírica que me quedo con el símbolo. Lo bueno de eso es que cualquier cosilla me da para una columna. Tal cual esta. Lo malo es que la realidad sentimental me atropella día sí, día también, pero ese es otro tema.

Al tren. El caso es que va el personal fallero disfrazado como ocurre a diario en Les Corts, sólo que a la Cámara no acuden con charanga, a no ser que un día Baldoví se traiga la que llevó al Congreso. Una de las cosas que primero se aprende en el trato diario con políticos es que la mentira no es un problema para algunos de ellos, constantemente disfrazados de lo que no son. Los psicólogos aseguran que aquel que se disfraza sin freno oculta el temor a ser, o decir, lo que es o lo que piensa. Durante la actual legislatura, aquellos partidos que dicen abanderar una nueva política han aprendido a reprimir sus instintos polítcos y colocarse la máscara, el escudo que otorga seguridad en las relaciones con los demás. Ojo, que esos «demás» son muchos: la opinión pública, los partidos rivales y los compañeros de grupo parlamentario. Ya se sabe, además, que bajo el disfraz se baila mejor el ritmo que te marquen sin miedo a caer en el ridículo.

Si sólo se presencia un pleno parlamentario, o una comparecencia de prensa, el engaño funciona, pero tras observar varios de estos eventos, inevitablemente se oye la maquinaria que tira de los vagones del tren fallero. Hay diputados disfrazados de monstruo, de payaso, indumentarias originales, de época, de superhéroe (o superheroína)... Lo que me extraña es que los autores de los TFG de Psicología no frecuenten más a los políticos con sus disfraces. Manuel Nevado, vicepresidente de la asociación Psicología Sin Fronteras, explicaba en un reciente artículo que quien se viste de personaje histórico, como si fuera el (o la) Churchill de Les Corts, contiene un «sueño de poder y de grandeza», mientras que los que utilizan máscaras y ocultan sus ojos, solapan su interior «porque nuestra mirada es la parte del cuerpo que más dice de nosotros», los supuestos superhéroes tienen una relación difícil con su ego vanidad. Y ante tal carnaval diario, los psicólogos advierten de que quien acude sin disfraz, casi peor, porque «este tipo de personas, serían muy conservadoras, autoritarias, con un miedo importante a hacer el ridículo y con ideas fijas y preestablecidas». Así que casi mejor que vaya cada uno con su disfraz, y a bailar.