ESQUELAS IRREALES

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Algunos opinan que un signo de la inevitable vejez aparece cuando lees las esquelas del periódico y observas atentamente la edad de los finados. Puede ser. Sin embargo sospecho que la inequívoca advertencia de los años que acumulas entre pecho y espalda surge cuando te interesas por las páginas económicas. De adolescente no existen, atraviesas esa zona de papel como si fuese invisible. De joven si acaso te tragas algún titular catastrófico, pero como si vieses el trailer de una película de terror que nunca irás a ver al cine porque es demasiado sangrienta. Te tomas la molestia de cascarte las informaciones económica cuando adivinas el horizonte de jubilación y te traspasa el canguelo ante un futuro austero alimentando palomas en el parque sentado sobre ese banco desportillado. Las páginas de economía llevan algún tiempo con el runrún de la desaceleración, del retorno de una posible crisis. Ciertos detalles auguran un bache del que se desconoce su profundidad. Un ERE por aquí, otro por allá. La venta de automóviles mengua. Los datos del paro son los peores de los últimos años. En fin. Sin embargo seguimos viviendo como siempre, o sea y así en general, por encima de nuestras posibilidades. Estas vacaciones pascueras representarán un éxito para el sector del turismo y ahora, salvo cuatro raritos profesionales del enzulamiento a domicilio, el personal disfrutará de unos merecidísimos viajes. Gastaremos gustosos y eso gratifica nuestro cerebro. Adoptamos la técnica de hundir la cabeza bajo la arena porque el recuerdo de la anterior, devastadora crisis, nos proporcionó conchas de galápago. Disfrutaremos mientras podamos y no deseamos que nos corten el rollo. Nos disgustan las malas noticias, las predicciones lóbregas, las verdades incómodas. Miramos la economía como si fuese una irreal esquela.