¿A qué espera con las Naves el Ayuntamiento?

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

La enésima noticia sobre Las Naves ubicadas en la calle Juan Verdeguer poco tiene que ver con su actividad cultural, algo que tampoco es extraño si nos atenemos a los múltiples vaivenes que ha sufrido este espacio en la actual legislatura. Primero se torpedeó el proyecto artístico que se había trazado desde su puesta en marcha (y que había conseguido ecos notables en diferentes ámbitos), después se eternizó la reparación de una avería que lo mantuvo sin programación más de un año, y finalmente se despidió al equipo gestor, para poner en marcha un proyecto cultural similar al que se había torpedeado previamente. Un disparate. El último capítulo lo ha escrito un juez, que ha declarado improcedente el despido de los tres trabajadores que organizaron el centro prácticamente desde que se abrió. En su día los responsables políticos que tomaron esta decisión argumentaron que se llevaba a cabo «por desaparición del área cultural y de artes escénicas», algo que luego en la práctica no fue cierto. Aquello resultó un típico caso de 'quítate tú pa' ponerme yo'.

Más allá de este hecho en concreto, de la mala praxis con los tres gestores (que la hubo durante mucho tiempo, hasta que tuvieron que salir de allí por la puerta de atrás), lo alarmante de la situación es la cantidad de desaguisados que acumula en este terreno la concejalía de Acción Cultural. ¿A qué espera el Ayuntamiento para tomar medidas o al menos para cuestionar a la responsable del área por una labor plagada de polémicas? Mucho me temo que si algo similar sucediese en un hospital ya se habría intervenido de una u otra forma. Pero todo lo que tiene que ver con la cultura continúa observándose como un problema menos grave, con una incidencia menor. Da igual que quien mande sea un gobierno de izquierdas o de derechas. A la vista está, solo hay que recordar que las competencias culturales en el actual consistorio de Valencia están divididas en al menos tres concejalías, como si fuesen migajas que se reparten sin pensar en las consecuencias. Y las consecuencias ahí están: un espacio que ha perdido su identidad y al público habitual que lo frecuentaba. Ha habido más secuelas (compañías señaladas, proyectos truncados, espectáculos echados a perder...). Se conocen en los despachos del Ayuntamiento -me consta- pero no se actúa.

También estoy seguro de que si estas prácticas desacertadas se estuvieran desarrollando en un hospital (por repetir el ejemplo anterior) el sector médico se habría movilizado, algo que no ha ocurrido con el de las artes escénicas en Valencia. La masa crítica siempre es necesaria. El temor a las represalias debería haber quedado enterrado con la llegada de un nuevo gobierno, porque cambiar para que no cambie nada no tiene sentido. Las críticas, cuando están justificadas y argumentadas, sirven para avanzar, para corregir, para mejorar. Deberían tomar nota en Las Naves y en otros despachos.

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