«ESPAÑA NO NOS ROBA»

FERRIOL MOYA

La frase se la escuché esta semana a Gabriel Rufián, ese portavoz gamberrete de ERC en el Congreso de los Diputados que, a la vista de los meses que su jefe de filas, Oriol Junqueras, lleva en la prisión, ha decidido moderar la posición de su partido. Recordarán que Rufián es ese parlamentario que la pasada legislatura llegó a plantarse con una impresora en el hemiciclo para pedirle al Gobierno de Mariano Rajoy que dejara de perseguir el referéndum ilegal del 1-0 en Cataluña. La mutación del diputado de ERC, el partido que liderara el escasamente añorado Carod-Rovira, daría para escribir varios capítulos de un libro. Los republicanos han recorrido exactamente el camino opuesto a los herederos de Convergència, la formación de Jordi Pujol transmutada en JuntsxCat, y que ahora tienen en un fugado de la justicia -Puigdemont- y un presidente dirigido desde Waterloo -Torra- a sus mentes pensantes. ERC decidió ofrecerse a PSOE y Podemos para facilitar el acuerdo de investidura y de paso buscar una solución política a la situación de Cataluña. Y al mismo tiempo, JuntsxCat optó por limitar su discurso y su acción política a perder su pulso con el Estado y hacer de su victimización esa región su único argumento. Rufián ha jugado esta semana a asociarse con esos partidos como el PNV y Compromís que han llegado a exhibir casi más sentido de Estado que el PSOE y Podemos y esa desenfrenada exhibición de sus discrepancias en el Congreso. Los socialistas han permitido que sus halcones -los cargos más proclives a jugar con la amenaza de forzar una nueva convocatoria electoral- asumieran el control de las operaciones. Un riesgo demasiado elevado, un movimiento dirigido al jaque mate al partido de Iglesias, y que al final ha derivado en el fracaso de la investidura de Sánchez. Poco se ha dicho de cómo el líder del PSOE ninguneó a Joan Baldoví cuando el diputado de Compromís le dijo aquello de 'qué pasa con la financiación autonómica'. Con su silencio, y con las referencias al FLA, el líder del PSOE no sólo reveló hasta qué punto le importa la exigencia del diputado nacionalista. También le hizo un flaco favor a los socialistas valencianos, que llevan cinco años viviendo del discurso victimista de que Madrid no manda dinero. Una posición que contaría con bastante más solidez si la Generalitat, que vive (es cierto) del dinero que el Estado manda a través del FLA, no se dedicara a gastar lo que no tiene en una televisión autonómica que no ve casi nadie y en crear agencias y observatorios de esos de dudosa utilidad. Sostener el España nos roba y, al mismo tiempo, gastar dinero como si sobrara, constituye una gran contradicción. Por cierto, sin Gobierno estable a la vista, la reforma de la financiación tendrá que seguir esperando.