EL VAR Y LA ESENCIA DEL FÚTBOL

La cantina

No entiendo que haya aficionados reacios a que la tecnología ayude a mejorar el arbitraje

FERNANDO MIÑANA

La semana pasada escribí sobre mis recuerdos mundialistas. Fue un repaso somero, nada profundo ni analítico. Más bien un apacible paseo por los Mundiales que viví de niño y de adolescente dando pequeños saltitos por aquí y por allá. Hice una parada en el Mundial del México, en 1986, para mencionar el gol, El Gol, de Maradona contra Inglaterra y que esa genialidad del Pelusa ganaba aún más, como un buen maridaje, con la narración del comentarista argentino, Víctor Hugo Morales, y su célebre y eufórico grito: «¡Barrilete cósmico, de qué planeta viniste!».

Pero tuve un olvido imperdonable que me recordó mi amigo Peio esta semana. El Alemania-Colombia de la Copa del Mundo de 1990. Era un partido de la primera fase y el zambo Littbarski parecía haber hecho una 'alemanada' marcando el 1-0 en el minuto 88. El comentarista sudamericano empezó a lamentarse y a decir que no se lo habían merecido. Pero aún quedaba un cachito de partido y, en la prolongación, tras una combinación en el centro del campo, el exquisito Valderrama lanzó un pase al área que dejó solo a Fredy Rincón. El centrocampista batió a Bodo Ilgner y puso patas arriba el Giuseppe Meazza. Aquel tanto aseguraba la presencia de Colombia por primera vez en los cruces de un Mundial. Luego, partido a partido, todo volvió a su sitio y Alemania acabaría saliendo campeón.

Como sucedió con el golazo del Diego, el de Rincón también mejoraba sustancialmente acompañado por el narrador colombiano, extasiado, emocionado, que comenzó a gritar otra frase que se hizo muy célebre en su momento. «¿Por qué nos pasan estas cosas? Porque Dios es colombiano. ¿Y por qué nos pasan estas cosas? Porque Dios es colombiano!» Fantástico.

Me encantaría endilgarme el rol de columnista veterano y decir aquello de que ya no se marcan goles como antes, pero no. Lo que hay ahora que no había existido hasta este Mundial de Rusia es la tecnología aplicada para ayudar al árbitro. Que, aunque haya muchísima gente que no lo entiende, significa para ayudar también a los jugadores, a los equipos.

Durante los primeros partidos encontré un rechazo que no me esperaba, la verdad. Salió gente que merece todo mi respeto, desde periodistas de postín a forofos cualificados, y comenzó a decir que con el VAR el fútbol perdía su esencia. Anda ya. ¿La esencia del fútbol es engañar al árbitro o que un balón que cruza la línea de la portería no se convierta en gol? Pues vaya.

Me parece, más bien, que esa postura no es otra cosa que oponerse al progreso. Como si la esencia del fútbol fuera seguir jugando con aquellos pesados borceguís de finales del siglo XIX, balones cosidos por fuera y camisetas de lana.

Pero lo que realmente encuentro es el problema de siempre, el desprecio absoluto por los árbitros. Qué más da si dilapidamos al arbitrucho de turno cuando, simplemente echándole un vistazo al vídeo, se puede evitar la polémica.

Espero que el segundo partido de España en Rusia, con la revisión en el VAR del gol de Irán que dejaba al combinado de Fernando Hierro tambaleándose, sirva para aceptar el progreso, para dejar atrás el desprecio absurdo por la tecnología capaz de resolver muchas de las incertidumbres del fútbol.

Más duro lo tiene el baloncesto, que ya hace tiempo que, en los últimos minutos, se permite revisar las jugadas para rearbitrar los lances más peliagudos. La ACB necesita hacer algo urgente. Su Liga es un espectáculo que pasa de puntillas por España por el simple hecho de que las retransmisiones de televisión no son en abierto. El martes por la noche me puse a ver el cuarto, y último, partido de la final, de una gran serie final, y experimenté una sensación de clandestinidad sobrecogedora. Nadie comenta nada, salvo cuatro obsesos del baloncesto como yo, y cada día menos. Ni siquiera en las redes sociales, donde todo resuena más fuerte, pude encontrar la compañía deseada. Ahí solo vi algo de bullicio por algo que no tenía nada que ver con el juego sino sobre el desprecio de un columnista al comentarista de televisión. Me pareció entender que no le gustaba su estilo. Al día siguiente nadie me hizo ni un comentario del partido, de la serie, de la calidad extraordinaria de una plantilla como la del Real Madrid. El baloncesto, que llegó a tener un carrusel en la radio, empieza a no existir para muchos aficionados.

Fotos

Vídeos