UNA ESCUELA RURAL PARA SUS JÓVENES

UNA ESCUELA RURAL PARA SUS JÓVENES

En verano no solo se llena la playa. Muchos pueblos cobran vida, sea por la llegada de turistas, sea por la vuelta estival de los descendientes que un día se fueron. La España vacía, o vaciada como con intencionalidad ahora se califica, se convierte por un par de meses en la España re-llena-da. Es un espejismo, más para el ámbito escolar, que no evita que en invierno la escuela rural luche por sobrevivir, los pueblos busquen fórmulas originales para atraer a familias con niños y se repita, como mantra, que el cierre de una escuela rural es la muerte de un pueblo. Sin niños, no hay futuro. También se requiere otra perspectiva: qué futuro ofrece la escuela rural para los niños.

Queda, todavía, una idea romántica de la escuela rural contrapuesta a la estandarizada escolarización masiva de las ciudades en las que cada clase, cada curso, es igual que el anterior. Frente a una escuela, digamos, industrial, la calidez de una escuela artesana que amolda las recetas a los ingredientes con los que cuenta.

La escuela rural, quizás por convertir su necesidad en virtud, implanta interesantes innovaciones educativas que adelantan lo que en otros contextos no pasa de la teoría ni de la hora del café. Por ejemplo, al romper la agrupación estricta por edades, como es lo común. La escuela unitaria, por obligación y supervivencia, requiere que alumnos de distintas edades compartan la misma clase, atendidos por un mismo maestro. En este entorno, además de la exigencia añadida que se requiere al profesional, surgen metodologías de autoaprendizaje, cooperación entre iguales y nuevas formas de socialización escolar.

La escuela rural, al menos el modelo CRA (centro rural agrupado) es un centro distribuido, es decir, con aulas en distintas poblaciones. Todo un reto, de nuevo, para sus profesionales, donde la distancia requiere nuevas formas de coordinación docente. Juegan aquí un importante papel las nuevas tecnologías, compartir recursos, el uso de nuevas metodologías. Y, sobre todo, el trabajo en equipo de un modo más directo, ya digo, casi artesanal, que es más hosco en la escuela urbana.

El currículum. La tercera aportación de la escuela rural es el enriquecimiento del currículo aplicado al entorno. Llevar el aula a la calle, al entorno, es mucho más fácil que en la escuela urbana, siendo cierto, también, que encuentra otro tipo de limitaciones: por ejemplo, posiblemente sea sencillo llevar a cabo más actividades de Educación ambiental pero, en cambio, es difícil acceder a una oferta cultural variada como pueda estar accesible para un centro de ciudad.

Pero el otro gran reto de la escuela rural es qué futuro propone a sus alumnos. Porque, de alguna forma, la escuela también supone la muerte de un pueblo. Más bien, la educación, pues si mantener un colegio es difícil, el instituto y, ya no digamos, la FP y la universidad obliga a los jóvenes al desplazamiento. Y el retorno depende de la existencia de oferta laboral cualificada en dicha población.

Se observa en muchas poblaciones del interior, y no sólo en pueblos pequeños. La oferta de Formación Profesional es muy limitada y en tantas ocasiones limitadas a una o pocas familias profesionales. Es difícil, así, realizar una orientación adecuada. Los jóvenes o estudian lo que oferta el instituto, o abandonan los estudios o el pueblo. La alternativa que se plantea es extender la oferta a base de esfuerzo presupuestario.

En este contexto, hay dos vías que permitirían complementar estas iniciativas en una realidad valenciana de presupuestos finitos, extremadamente finitos, y frente a la imposibilidad de que toda población cuente con todos los ciclos formativos posibles. Por un lado, la oportunidad que proporcionan las nuevas tecnologías con el diseño de modelos mixtos de escolarización, el llamado blended learning, que combine una formación de FP online con módulos presenciales de corta duración que sí puedan requerir desplazamiento a las urbes grandes. Impulsar, fomentar, un modelo de CRAs de FP rural, online y con un centro integrado de referencia de estancias cortas presenciales. La segunda vía complementaria está en el diseño de actividades de educación no formales para el entorno rural que limite en ansia de los jóvenes por enriquecer su experiencia vital fuera de su municipio.

Esta semana se celebra el Día Internacional de la Juventud. La falta de jóvenes también es la muerte de un pueblo.