¿Por qué escribo para ti?

¿Por qué escribo para ti?
Aromal M S
PEDRO PARICIO AUCEJO

La fidelidad al periódico de papel es hoy en día -más que nunca- el mayor patrimonio de un diario. Cuando, el pasado enero, LAS PROVINCIAS estaba a punto de cumplir sus 153 años de existencia, mencionaba en 'La dos' la lealtad de Juan José Garrufé, el vecino de Moraira que desde hace más de cincuenta años -el mismo tiempo que yo- es lector de nuestra cabecera. Como él, hay también miles de ávidos seguidores de sus contenidos. Lo he podido comprobar personalmente desde que apareció mi primera colaboración en estas páginas. Además de mis familiares, amigos y conocidos, he encontrado aquella fidelidad lectora en otras personas que, a lo largo de estos años, se han puesto en contacto conmigo por correo postal o electrónico y por teléfono (Rosario, Antonio, Rafael, Isabel, Carlos...) para mostrarme su emotivo -pero inmerecido- reconocimiento.

Los imagino avanzar por cada una de las secciones informativas del periódico -Valencia, Comarcas y Política- hasta llegar a la de Opinión. Los presiento con la publicación desplegada sobre la acogedora mesita de la cafetería mientras sorben placenteramente su café, sobre la larga mesa compartida por otros lectores en la biblioteca pública, sobre el cómodo sillón de su domicilio particular o sobre sus piernas cruzadas en el ajetreo urbano del autobús, del metro o del tren de cercanías. Pensando en ellos y en los demás lectores desconocidos por mí, me ha asaltado la necesidad de explicarles por qué escribo para todos ellos. Y, en esa urgencia, no veo en el frío 'todos' más que un cálido 'tú'.

Por ello, escribo para ti porque, en la lectura del diario, buscas conocer los más variados aspectos de cuanto -real o imaginado- forma parte del mundo, pero no quedándote en una mera operación receptiva del asunto sino estableciendo una relación penetrante con ello gracias a la interpretación que hace el autor. En esa operación estableces un silencioso coloquio entre tu yo y el del creador de lo leído, de manera que, mientras este da figura escrita a una parte de lo que contiene su mente (ideas, sentimientos, recuerdos, invenciones...), tú recreas ese contenido de tal modo que, además de volver a crear la materia leída, amplías tu experiencia personal mediante la convivencia interior de dos intimidades -la del que escribe y la tuya- y la forja de una suerte de amistad entre ambas.

Escribo para ti porque, en el diario, escudriñas textos que te permitan convivir con la huella específica de su redactor, especialmente por medio del recurso epistolar y la evocación de detalles sobre su propia vida o la ajena. Más aún, persigues formar tu opinión a partir de una interpretación dialogante que aquilate, discuta, compare, compruebe y enlace las diversas opciones posibles.

Escribo para ti porque, en el diario, anhelas tomar para ti la forma mental de aquello que lees e incorporarlo a tu espíritu hasta transformarlo en vida y encarnarlo en tu destino personal. De esta manera, pretendes penetrar en la memoria de la humanidad y asimilar una gran parte del ingenio transmitido históricamente de generación en generación y, con ello -con sus doctrinas, sus criterios, sus principios rectores y hasta su estilo-, humanizarte con lo escrito.

Escribo para ti porque, en el diario, tanteas el modo de salir de ti mismo y perderte en el mundo creado por el articulista. Además de recrear lo expuesto en la lectura, deseas recrear tu yo interior, de manera que lo leído te permita mirarte y reconocerte de alguna forma en lo escrito. Y no solo reconocerte sino también divertirte, salir del cauce habitual de tu existencia, sumergirte un poco en lo imprevisto o incitante, eludir por un momento las cargas del vivir hasta instalarte en una noble evasión ensoñadora, una especie de trasmundo en que fugazmente se disuelva la existencia. Ansías estrenar en un santiamén un modo sugestivo de vida mediante el breve relato de un viaje, la intensidad de una trama narrativa, la descripción de una escena hilarante o el chascarrillo de una anécdota divertida.

Escribo para ti porque, en el diario, deseas situarte más allá de las insuficiencias de la vida e ir al alcance de una calidad espiritual que colme tu sed de absoluto: es entonces cuando buscas en lo leído la perfección del ser, el brillo de su belleza, la noticia de su plenitud, el poder trascendente que alienta la vida y la sostiene. Como todo ser humano, procuras satisfacer la necesidad de hacer más cabal tu propia realidad, darle razón intelectual y, así, mejorarla para acercarte poco a poco al cumplimiento de tu propio proyecto vital. En este caso, reclamas que lo leído te incite a ser una persona más completa, a referir tu entera existencia a un centro que oriente tu camino y le otorgue su más plenario sentido.

Pero escribo también para ti porque sé que tú siempre estás ahí. ¡Así de sencillo! Tan simple como que la Opinión de este periódico ¡y el diario entero! no tienen sentido sin ti. Por eso, yo debo seguir escribiendo para ti y tú -si así lo estimas oportuno- tienes que continuar leyéndome.