EL ERROR DE ROBLES

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

La ministra de Defensa, Margarita Robles, cometió un error de bulto el pasado sábado al descartar que de momento, a corto plazo, se vaya a proceder a la desmilitarización de la antigua Capitanía General, hoy Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad. Dijo que se estudia la propuesta del tripartito, que quiere que el viejo convento de Santo Domingo pase a manos del Consell, pero que hoy por hoy no se puede atender porque no hay alternativa, un edificio que pueda acoger a los militares que actualmente tienen sus dependencias en la plaza de Tetuán. Se equivoca. Porque inmuebles propiedad de Defensa, o de otros organismos dependientes del Gobierno central, que puedan albergar a los ocupantes de Capitanía haberlos haylos. Empezando por los cuarteles de la Alameda, que aunque siguen en uso y también son el emplazamiento del Museo Militar podrían hacer hueco a los servicios del Cuartel General. Siguiendo por el antiguo Gobierno Militar, donde está el centro cultural de los Ejércitos, que también podría reaprovechar parte de sus dependencias. O fuera del ámbito de Defensa, la sede de Hacienda en Guillem de Castro, cerrada desde que se detectaron problemas estructurales en el inmueble, lo que obligó al traslado de los funcionarios a una finca en alquiler de la plaza del Ayuntamiento, donde siguen. La vieja delegación precisa de una reforma que vuelva a dar uso a un edificio situado en pleno centro de la ciudad y que no debería seguir cerrado eternamente. Ahí caben de sobra los militares que trabajan en Capitanía. Pero la cuestión no es esa, aunque Margarita Robles prefirió eludirla para no dejar en evidencia al tripartito y sus contradicciones. La cuestión es que hay una parte de esa coalición, Compromís, que quiere sacar a los soldados de Capitanía por el valor simbólico que tendría. La presencia del Ejército en el convento entre cuyas paredes vivió Vicente Ferrer la sienten como una afrenta, un símbolo de la ocupación española del Reino de Valencia. No se trata, por tanto, de un asunto de metros cuadrados, de estudio de necesidades de espacio, sino puramente identitario (para ellos). No les importa que las Fuerzas Armadas hayan cuidado, protegido y restaurado el gigantesco inmueble desde hace 175 años, que esté en uso, que los ciudadanos puedan visitarlo, que albergue una programación cultural y social continuada. Nada de todo eso les hará ver que cometen un error porque, insisto, no apelan a la razón, al interés del Estado, a las preocupaciones e inquietudes de los ciudadanos, sino que su objetivo está puesto en la bandera española que ondea en lo alto de la fachada principal y en los soldados que custodian la puerta principal. Se equivoca Robles no dando el asunto por cerrado y alargando una polémica estéril.