EL EQUIPO DEL PRESIDENTE

J. C. Ferriol
J. C. FERRIOLValencia

No soy muy aficionado a las teleseries. No me pregunten por House of Cards, ni por Borgen, ni mucho menos por The Good Doctor. El equipo del presidente podría sonar a eso o a una reflexión simplona referida a esa inexplicable -desde mi punto de vista- simpatía de Ximo Puig por el Real Madrid. Y no voy por ahí. El equipo del presidente del Consell debería aludir, claro, a todo el personal de Presidencia de la Generalitat. Pero eso sería a todas luces excesivo. A estas alturas de la película, o de la teleserie si lo prefieren, nadie ignora que entre los colaboradores del Consell existen los de confianza y los otros. Y no debe de ser fácil tener que asumir que como las elecciones están a la vuelta de la esquina, prescindir de alguno de estos últimos -cargos de cierta apariencia y ambición mal disimulada-, sería tanto como pegarse un tiro en un pie. Y tampoco vamos a llegar a tanto. El caso es que Puig convive en su círculo más cercano, con personal con el que se sienta no sólo a plantear la agenda de la semana o la acción política, sino a tomar las grandes decisiones estratégicas. Y también con gente con ganas de llegar -un día a un sitio y otro día a otro-, que no entiende de más lealtades que de las propias. Personal con currículum brillante pero que no ha ganado una batalla en su vida. Uno, que lleva ya unos cuantos años contando historias del Palau de la Generalitat, que ha visto topos, fantasmas que nadie detecta, broncas de todos los colores y caídas a los infiernos, no podía imaginar tanto trabajo de espaldas al jefe del Consell. Me imagino al bueno de Andreu Ferrer, probablemente la clave de bóveda que sujeta todo el Palau de la Generalitat, sin dar crédito a lo que un día sí y otro también se percibe por los pasillos de esa institución. Sospecho que lo que algunos denominaron en su día como el 'clan de Gandia', Alfred Boix y José Manuel Orengo, deben de hablar y no acabar de lo que ocurre en Presidencia. Entiendo que Marta Hortelano tenga que multiplicarse para resolver todos los frentes que le dejan abiertos. Y ellos no son los únicos. Constato que el jefe del Consell tiene un equipo que, más allá de días mejores y peores, trabaja por algo en lo que cree -y por lo que le pagan un sueldo, claro está-. Y luego percibo otros objetivos entre ese personal de moqueta, que un día quiere ocupar un cargo y otro día otro, y que, en algún caso se ha puesto como objetivo, se rumorea, el aterrizaje en alguna gran empresa de la Comunitat. No hablo de una historia de buenos y malos, o de amigos y enemigos. Hay quien rema a favor y quien, aunque no pretenda frenar el barco, acaba ralentizándolo, porque sus tiempos y su hoja de ruta es otra. No pasará nada donde pocas veces pasa. Pero igual Puig tiene que escucharse un día eso de «yo ya te lo avisé».

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