El equilibrio es la resultante de dos o más opciones o fuerzas que confluyen en uno o varios puntos, llegando a compensarse como signo de una equidad resultante. Las fuerzas no siempre tienen que ser diametralmente contrapuestas, dependiendo también de la potencia y eficacia de las mismas.

La palabra proviene del latín 'aequilibrium', que combina el término igual con el de libra o balanza, símbolo que caracteriza a la justicia como necesaria e imparcial. El equilibrio es sinónimo de una óptima ponderación, evitando situaciones de riesgo motórico y psíquico, en dependencia de la fisiológica función cerebral superior.

El cerebelo, que está situado en la fosa posterior de la cavidad craneal por detrás del tronco cerebral, es el encargado de mantener el equilibrio motor dinámico que caracteriza a la mayoría de los seres vivos, hasta que acaba siendo disfuncionante en la vejez. La exploración neurológica incluye pruebas que valoran la coordinación y el equilibrio, siendo la intoxicación alcohólica una de las causas mas frecuentes de la disfunción cerebelosa.

Pero también reside en nuestro cerebro el equilibrio emocional, en este caso determinado por estructuras cerebrales como la amígdala cerebral o el hipocampo en donde confluyen las emociones, sentimientos, e incluso el enamoramiento o la pasión que distorsionan los sentidos hasta conducirnos a acciones no reguladas por la razón.

Todos los humanos tenemos peculiaridades determinadas genéticamente que nos hacen sentir las percepciones de forma diferenciada, reaccionando de forma individual según el denominado 'imprinting' genético que modula el funcionamiento cerebral, además de estar muy condicionados por la educación y el entorno social.

Son muchos los estudios que se dedican a analizar el comportamiento humano sobre las condiciones y causas que determinan las aficiones y decisiones que toma cada persona. Ahora los medios de comunicación y el internet, mediante las redes sociales, son capaces de implantar trazas y canales de información que pueden llegar a condicionar los resultados de unas elecciones. También debemos estar muy atentos a las 'fake' o noticias falsas que sin darnos cuenta modulan e influyen en nuestras decisiones.

La cultura que subyace en la humanidad es la del poder y dominancia que imponga su forma de pensar sobre los contrarios. Por ello de forma natural suelen formarse dos grandes bandos, el de los vencedores y el de los perdedores, que a lo largo del tiempo se van alternando, aunque todo vaya cambiando para que al final casi todo siga igual. Pocas veces se llega a un equilibrio estable duradero, siendo los periodos que mas permiten el progreso de la humanidad.

En política el modelo clásico de dos fuerzas políticas contrapuestas va dando paso a otras alternativas que pasan a formar parte del equilibrio de fuerzas que pueden aliarse en mayorías decisorias. Los primeros dicen que o estás conmigo o contra mí, rojo contra azul, de izquierdas o de derechas, mientras que los otros tratan de diferenciarse o bien por los extremos, lo que supone un riesgo evidente, o afinando hacia posturas intermedias de centro, más cercanas al concepto de equilibrio que da título a esta tribuna.

Apostar por una opción de centro en España supone dejar de lado el manido concepto de izquierdas o de derechas que, un país cainita como el nuestro, los dos grandes bloques del bipartidismo imperante tratan de evitar que despunte. En estas condiciones el riesgo de sufrir puyazos por ambos costados parece más que evidente, aunque también más meritorio.

Sin embargo en un país desarrollado y europeísta, con una más que aceptable calidad de vida media y una salud equilibrada de sus ciudadanos, la tendencia natural es alcanzar un potente estatus de equilibrio político y social que haga innecesarios los escoramientos compensatorios. Ya es hora de no dar más bandazos bipartidistas, hacia la izquierda o hacia la derecha, porque como se está viendo en las últimas décadas al final acabamos a merced de los nacionalistas que siempre consiguen sacar tajada.

Las posiciones de centro son las ideales por su ponderación y equilibrio

Debería exigirse a los que tratan de dirigir las riendas de su comunidad y del país que eviten crispaciones personales y diatribas innecesarias que para nada interesan a los ciudadanos. Si es ilusorio repartirse el pescado antes de haber subido al red, no lo es menos especular sobre posibles pactos electoralistas y ofrecimientos de reparto de cargos, sin haberse celebrado las elecciones.

Pero los medios de comunicación son muy potentes y no tienen límites, planteando cuestiones que los partidos se ven obligados a responder so pena de caer a los pies de los caballos. Una y otra vez los tertulianos se repiten en sus preguntas buscando algún renuncio en sus entrevistados. Por otra parte las posturas políticas de flirteo anticonstitucional provocan el hartazgo ciudadano que en algunos casos inducen a actitudes populistas y extremistas, siendo ello la contrapartida de un ilusionante futuro progresista y reformista.

Las posiciones de centro son las ideales por su ecuanimidad, ponderación y equilibrio. No deben cuestionarse por el hecho de que puedan compartir acuerdos con sus costados adyacentes en los planteamientos sociales, económicos y de gobernabilidad. Eso es el arte de gobernar. Esa es la cintura necesaria para sumar esfuerzos que hacen grande a una nación y a unos dirigentes para llegar a un equilibrio que beneficie a la mayoría y en donde domine la transparencia y el trabajo responsable. No basado en corrupción, amiguismos y fundamentalismos como los que últimamente hemos venido soportando. Ahora es el momento de encauzarse hacia el ponderado equilibrio del centro.