La epifanía

Si alguien suponía que septiembre era una posibilidad de retomar la negociación, con las filtraciones recientes parece imposible

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Las reuniones de los últimos días entre el PSOE y Unidas Podemos parecen un cónclave: nadie ha estado allí pero todos lo cuentan. Tras el fracaso de la investidura, el entretenimiento patrio es conocer los entresijos de las negociaciones que, obviamente, solo puede saberse por unos o por otros. O por ambos bandos. La cuestión ahora es filtrar. También lo hicieron de un modo torpe y malintencionado, al parecer, desde la vicepresidencia del gobierno cuando ya sabían que no iba a haber pacto y fueron cambiando palabras para dejar en mal lugar a Podemos en vísperas de la votación en el Congreso. Ahora, sin embargo, están revelando detalles de dónde, quiénes y cómo se reunieron para llegar a acuerdos que nunca fueron efectivos. Y, como suele ocurrir en estos casos, hay que aplicar la máxima de las novelas de misterio para averiguar el autor, es decir, preguntarse a quién beneficia el «crimen». Ahí encontraremos al «asesino». En este caso, al filtrador. Quién queda mal en cada relato pondrá en evidencia quién ha dado los datos para que se conozcan.

Por lo que se sabe, la negociación era capitaneada por la vicepresidenta Calvo, con la ayuda de la ministra Montero, aunque por detrás estuviera el gurú de Pedro Sánchez, Iván Redondo. Por parte de Podemos, era Echenique más que Pablo Iglesias quien intercambiaba mensajes con el Gobierno en funciones, que no el PSOE, para lograr obtener algún ministerio y una vicepresidencia. Lo que no termina de quedar claro en los relatos que circulan estos días es si Sánchez sopesó en algún momento un pacto real con Podemos. Diríase que no pues, a juzgar por las explicaciones de algún analista, todo estuvo pensado para finiquitar a Pablo Iglesias, no para formar un gobierno de coalición. Y en esa estrategia, el principal triunfo era ganar la interpretación, en una palabra, controlar la propaganda. Es lo que llaman los tertulianos «conquistar el relato», es decir, hacer que permanezca en la opinión pública la versión propia y no la del contrario.

No se trata de desmenuzar más o menos detalles de lo sucedido sino explicar los motivos que había detrás de cada acto. Así, si creemos a Podemos, el PSOE intentaba humillar a su oponente. Y si damos pábulo a los socialistas, Podemos quería un gobierno dentro del gobierno. En todo lo conocido en las últimas horas, quien mejor queda es el gurú. Al final, todo parece resumirse en una gran batalla en la que Redondo no improvisó sino que fue dando pasos hasta lograr su propósito. Ni siquiera era importante el intercambio de cromos como sospechamos, sino la capacidad de imponer su interpretación y de hacer prevalecer su versión antes de unas nuevas elecciones. En definitiva, la cuestión era quién ganaba la próxima campaña. Si alguien suponía que septiembre era una posibilidad de retomar la negociación, con las filtraciones recientes parece imposible. Ha sido un fin de semana de epifanía.