ME ENTRAN SOFOCOS

La ciudadanía exige cada día más beneficios del Estado y a la vez pretende pagar menos impuestos a ese Estado, lo que dificulta o impide bajar deuda

ME ENTRAN  SOFOCOS
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Esta semana, el bono español a diez años ha cotizado al 0,9%, rozando su mínimo histórico, situado en el 0,88% conseguido hace un par de años. Quizás le sorprenda la afirmación, pero es evidente que el Reino de España se ha convertido en un refugio para el ahorro mundial.

Esta rentabilidad quiere decir que un inversor profesional se conforma con que le den menos de un 1% de rentabilidad durante un periodo de tiempo tan dilatado como diez años. También quiere decir que los inversores profesionales no ven ninguna alternativa mejor, ninguna que proporcione algo más del 0,9%. Esto presupone que los inversores profesionales no ven el más mínimo riesgo en el acreedor llamado Reino de España en los próximos diez años. Y esto significa que la inflación va a ser tan baja a lo largo de la próxima década, que un 0,9% constituye una rentabilidad suficiente y aceptable.

Si mira a su alrededor, ¿diría que esto es lo que ve en su entorno? ¿calificaría esta situación de lógica y consecuente? Yo me atrevería a decir que no.

¿Entonces? No me parece abusivo concluir que el Banco Central Europeo tiene tal pánico a las consecuencias políticas y sociales de una subida de tipos que se ha puesto una venda en los ojos y ha decidido mantener impertérrito su loca política monetaria. Retiro lo de loca en cuanto alguien me de una explicación mejor a las afirmaciones del primer párrafo.

El BCE tiene dos graves problemas. Uno, la economía europea languidece y una subida del precio del dinero supondría una nuevo lastre para ese crecimiento mortecino. Dos, en estos últimos años de recuperación y mientras las familias y las empresas aprovechaban la bonanza para desapalancarse y reducir la deuda contraída, los Estados miembros han seguido endeudándose para ofrecer a la ciudadanía mayores cotas de gasto social.

Una subida de tipos elevaría el coste de la deuda (por ejemplo en España, unos 10.000 millones de euros por cada punto entero de subida de tipos) y obligaría a reducir capítulos de gasto ya comprometidos o a aumentar la presión fiscal con la esperanza de recaudar más y con el riesgo de asestar un nuevo golpe a la recuperación.

Ese es el problema más grave al que se enfrenta la economía europea. No crecemos porque estamos perdiendo el tren de las nuevas tecnologías y porque nuestros mercados de exportación o se cierran o se estancan.

La ciudadanía exige cada día más beneficios del Estado y a la vez pretende pagar menos impuestos a ese Estado (véase el caso de la Francia de Macron), lo que dificulta o impide bajar deuda, lo que a su vez dificulta o impide bajar los tipos de interés.

Vale, y esto, ¿hasta cuando puede funcionar? ¿podemos asegurar que esta es una situación estable? A lo primero, no tengo ni idea. A lo segundo, claramente no y por algún sitio tiene que romperse este inestable equilibrio.

La economía española va muy bien y todo esto puede sonar a lamento jeremíaco. ¡Ojalá sea así! Pero hay que observar con atención los signos que aparecen por el horizonte. Esta misma semana hemos tenido dos. El primero es que los beneficios de las empresas del Ibex-35 se han reducido nada menos que en un 15% frente al primer trimestre del año anterior, lo cual es normal en un colectivo tan abierto al exterior, pero que demuestra las dificultades que atraviesa ese 'exterior'. El segundo es que el crecimiento de las exportaciones se ha ralentizado y camina ya por debajo de la media europea, el 2,3% frente al 2,5% del ejercicio anterior y frente al 5,2% al que crecimos en 2016 y 2017. Para explicarlo, podemos utilizar el mismo argumento, pero quizás pueda ser el síntoma de una erosión de nuestra productividad.

Si fuera así, si dañamos nuestra productividad y si se estanca la economía europea... es posible que la rueda de la economía española deje de girar en el sentido virtuoso.

¿Es exceso de pesimismo? Quizás, pero luego les veo juntos al tándem Sánchez/Iglesias y me entran unos sofocos...