ENTRADAS CON VENENO

KIKE MATEU

El lío de las entradas se veía venir. Sin sorteo puro el problema estaba asegurado y los compromisos del club con peñas y pequeño accionista, la bomba de relojería. A mí, que prefería el sorteo puro, el sistema me ha parecido acertado. El menos injusto posible. Quizá por eso el debate se ha trasladado a los famosos compromisos y el futuro debería deparar un análisis de si hay que eliminarlos, adaptarlos o ampliarlos. De lo que tenemos hoy, la Agrupación de Peñas lleva decenios trabajando para un grupo gigantesco de valencianistas y de ahí que el club tenga convenio con ellos hace tantos años. Por contra, soy incapaz de explicar qué hace exactamente la APAVCF para merecer 642 entradas. En mi opinión, como colectivo no aporta absolutamente nada y sus privilegios son un regalazo a cambio de no sé qué. Y luego está lo de la Curva. Que sin duda alguna aporta al club mucho más que el pequeño accionista y tiene 642 entradas menos. O sea, cero. Porque cantar sin descanso o los recibimientos al equipo ya son méritos suficientes para tener en cuenta lo que suman al equipo de fútbol. Pero sus actos les han dejado sin razones. ¿Quién en su sano juicio decide que se deja de animar porque no les dan entradas? A un campo de fútbol se va a alentar a tu equipo. A ayudarle y levantarle. Pero si, por intereses particulares, dejas de hacerlo deliberadamente ¿qué sentido tiene la existencia de la grada de animación? Se elimina, cada socio a su asiento y a otra cosa. Es una pataleta de niño pequeño que perjudica sólo al equipo. Como si las entradas las repartieran los futbolistas. ¿Viene el Madrid y amenazo con dejar de animar? No hay mayor dislate. Ahí se terminó su partido. Hay otros foros, formas y momentos para reclamar. Jamás perjudicando a un equipo que se está jugando la temporada y reclama apoyo de Mestalla. De todo Mestalla empezando por la Curva. Es vergonzante. Todos queremos una grada de animación. La quiero yo, la quiere Mestalla, la quiere Marcelino y la quieren los jugadores. Incluso la quiere el club, y por ello la permite en su estadio. Pero una Curva limpia, sana, legal, que apoye y sume. Es responsabilidad del club darle valor a un colectivo que le da mucho al equipo y responsabilidad del colectivo actuar de forma adulta y responsable con su motivo de ser: animar y punto. Pero si sus intereses se sitúan por encima de los del equipo los sentimientos no están tan claros. 'Animamos hasta la muerte' reza el famoso cántico. Pues aquí, señoritos, no se ha muerto nadie. Pero nada se habla de la realidad que existe como telón de fondo. La guerra soterrada del club por eliminar de la Curva a ciertos individuos que tiene perfectamente identificados y la guerra de esos individuos por mantener su poder entre la masa que alienta. Batalla histórica de incierto final pero víctima segura: el Valencia CF y su primer equipo.