LA FP TAMBIÉN ENTRA EN CAMPAÑA

LA FP TAMBIÉN ENTRA  EN CAMPAÑA

En un debate electoral reciente, Beatriz Gascó, del PP, puso sobre la mesa la propuesta de expandir la modalidad dual de la Formación Profesional, a lo que el representante socialista, Miguel Soler, contrapuso el carácter minoritario que a su juicio siempre tendrá la FP dual: «Somos la autonomía con más alumnos de FP dual, un 4%, y si nos empeñamos mucho, llegaremos a lo sumo al 5%. Los alumnos ya hacen formación en centros de trabajo, y eso ya es FP dual». En esta visión, bastaría ampliar esas «prácticas» para llegar a lo mismo. Paralelamente, el candidato de Compromís Vicent Marzà, en otro foro, propuso «la integración de las áreas de FP y Empleo». Como ven, la Formación Profesional también está en campaña.

Las propuestas de los partidos inciden en acercar el ámbito educativo al laboral, un lugar común sobre la FP, al igual que el recordatorio de que no solo es un itinerario apropiado para estudiantes renqueantes sino un camino exitoso hacia la empleabilidad. Ambos mantras son repetidos constantemente, pero ya toca que sea cierto. Al menos, tiene que ser más cierto de lo que es. El éxito de la FP ya es realidad, lo que hay es que contarlo más, difundirlo para ayudar a modificar la visión de las familias y de la orientación escolar. En muchas ocasiones, dicha orientación se centra en lo que ya se ofrece en ese mismo centro o en la localidad y, si es Bachillerato, dirigir a los escolares de la ESO hacia el itinerario académico, más allá de su vocación e intereses. En cuanto al acercamiento hacia el mundo del empleo, ya se produce, pero no con la suficiente fluidez que se desearía.

Estas carencias las ha detectado la Universitat de València, encargada desde la Conselleria y la Fundación Bankia de realizar el Plan Estratégico de la FP de la Comunitat Valenciana y que se presentó hace una semana. «La oferta formativa no se ajusta a las realidades socioeconómicas y del mercado laboral», concluye tal informe; el desconocimiento de los orientadores sobre la FP provoca que a estos estudios se derive «al alumnado desmotivado o con notas bajas en ESO, lo que da lugar al desprestigio de la FP».

En este sentido, hay un problema de «marca» en la FP, pues bajo un mismo nombre se encuadran estudios que en la práctica realizan funciones muy diferentes. El perfil de alumnado cambia mucho de una FP Básica, que da la flexibilidad que no tiene la enseñanza Obligatoria, FP de Grado Medio, que es la gran puerta del retorno al estudio para aquellos que abandonaron en su día el instituto, y la FP de Grado Superior, enseñanza terciaria con un prestigio actual que compite con el universitario. Todo es FP, aunque abarca alumnado cuyas equivalencias de perfil y edad van desde la ESO hasta la universidad.

En este contexto se enmarca la propuesta de Marzà de coordinar FP y Empleo, una distribución de competencias que tampoco es nueva. De hecho, el PP ya la ha practicado en Madrid y en Murcia y, sin ir más lejos, durante la primera parte de la legislatura de Alberto Fabra la Conselleria era de Educación y Empleo. La dificultad sigue siendo la misma: una FP orgánicamente educativa que se quiere que funcione con y como empleo. Coordinar no es simplemente poner al lado los despachos, pues tanto FP como Empleo tienen su propia red de centros y oferta formativa diferenciada.

Quizás en algún momento haya que plantearse la conveniencia de estructurar la formación profesional, incluyendo la del empleo, de manera diferenciada como así es la universidad, desligada de las etapas iniciales y obligatorias de la Educación, con su propia red de centros, con los integrados de referencia, que impartan ya sea la oferta educativa como la del empleo. Incluso plantear si el sitio de la FP es la Conselleria de Educación, si pudiera ser la propia de Empleo, o un nuevo departamento, que no significa ir tan lejos como van otros países que la asocian a las competencias de Industria, directamente desde las empresas.

Sobre la participación de las empresas sigue la sospecha, otro tópico, en cuanto al diseño de la oferta y la impartición de la formación, que es el cambio que supone la dual a diferencia de la mera ampliación horaria del módulo de prácticas. Sin embargo, se habla menos que, al igual que en la universidad, el diseño de la oferta tantas veces responde a los condicionantes internos de los centros y no a las necesidades externas, de la sociedad y del tejido productivo.