Ensayo de suicidio

En otra democracia, la ampliación del puerto justificaría que los diputados valencianos de PP y Ciudadanos apoyaran a Sánchez

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Estamos mal financiados. Dejados de la mano del Gobierno. El manifiesto con el que se fundó este periódico, hace 153 años, ya se quejaba de que Madrid, para Valencia, era una madrastra ingrata. Pero, anda que los valencianos... Ahora mismo, algunas autoridades están en pleno concurso por ver quién es más desabrido y desagradable, más reacio y distante de las intenciones que el Estado tiene con el Puerto de Valencia.

Es el primero de España en movimiento de contenedores, el quinto de Europa y ocupa el número 28º en la lista que acaba de publicar Diario del Puerto.com., que está a la última. Ni Algeciras, ni Felixtowe, ni El Pireo ni Barcelona. El puerto de Valencia es un chorro de dinero, de negocio y empleo. Que despacha, de entrada o salida, diez contenedores regulares... POR MINUTO. De noche o de día, sea Nochebuena o 30 de julio. De modo que no solo es una mina para la ciudad de Valencia: es riqueza para la Comunidad Valencia y para España. Sin discusión alguna.

El puerto puso en marcha una ampliación en 2006, hizo su tramitación ambiental, y tiene ahora construidos los diques que abrigan una superficie de mar dos veces más grande que Ciutat Vella. Con la inversión y la obra principal hechas en tiempos de bonanza, ahora 'apenas' queda aportar el relleno de los muelles. De modo que es natural que el Estado quiera seguir adelante con su desarrollo. Y añadirle un proyecto trascendental para el futuro: un túnel submarino que unirá el acceso norte y la ampliación del puerto para evitar que miles de camiones hagan cada día 40 kilómetros extra para acceder a los muelles por el by-pass y la V-30.

Es cuestión de números, de sentido práctico, de rentabilidad. Es una infraestructura, tan útil para camiones como para el ferrocarril, capaz de cambiar el entorno tanto como el Plan Sur, una obra singular que hizo factible, precisamente hace medio siglo, la ampliación del puerto. Sin embargo, esa obra, que a los diez años ya estaría amortizada, está recibiendo la oposición de Compromis y Podemos, aliados de conveniencia política a la hora de tender una pinza, desde el Ayuntamiento y el Consell, a los promotores de la inversión, el Puerto y el Ministerio de Fomento.

Para estar como estamos, con un Gobierno en funciones y empantanado; con la necesidad perentoria de hacer guiños a Cataluña y con unas nuevas elecciones generales en el horizonte, esa oposición de Compromis y Podemos a los proyectos portuarios parece más un ensayo de suicidio que una actitud responsable. Las posibilidades de que los 1,000 millones de euros viajen a Barcelona y Valencia se quede un par de décadas con un puerto anquilosado, crecen. El beneficio de ese proyecto es tan claro que en otra democracia sería razón de peso, por sí solo, para que los diputados valencianos de PP y Ciudadanos apoyaran la investidura de Pedro Sánchez. Pero hay años en que cuesta entender algunas actitudes de algunos valencianos.