V ivir solo no es lo mismo que estar solo. En España había más del 25% de hogares de un sólo miembro, cerca de 5 millones (INE, 2017). La soledad puede ser más nociva que la obesidad, por lo que suele causar más muertes de lo que imaginamos. ¿De dónde viene esta situación? ¿La solución está en crear un Ministerio de la Soledad, como en el Reino Unido?

Uno de los factores decisivos para Europa se localiza al final de la década de los sesenta, aunque en USA, concretamente Berkeley en 1965, se difundía lo de la imaginación al poder, abajo las normas, no a los compromisos (como los matrimoniales), amor libre... Poco después tal imaginario influye en nuestra España.

Todo contextualizado de saciedad y servicios 'al querer', se planteaban unas demandas que subrayaban el individualismo, pero nadando en un consumismo. Pero, contradictoriamente, a la vez que apuntaba hacia la eliminación de la desigualdad, se aborrecía de todo capitalismo como causante de los males de lo último. No obstante, no se fijaban que tal modelo era el que mantenía tal movida... Y es que no todos los capitalismos son iguales, los hay productivos, salvajes, privados, de estado, de sociedades sin rostro.

Debido al contexto geopolítico de los años '70, como si se deseara ser virtuoso entre los bloques en guerra fría, los estados nórdicos comienzan a aplicar esa 'imaginación'. Para ello construyen modelos de universidad, escuela, familia, municipios, etc. Económicamente y laboralmente ya vimos que han tenido que rectificar. Luego, encantados por programas propagandísticos (películas, pseudoinformes, etc.) en nuestros estados latinos se difunde la idea, y los correspondientes ministerios (y en autonomías) se expanden indiscriminadamente tales tácticas. Ya avisó Brezinka en la Pedagogía de la nueva izquierda (1988), sobre la transformación de los valores occidentales mediante el golpeteo a la familia, entre otras instituciones.

En los estados nórdicos, esas políticas nos dicen que el 50% de la población vive sola; que un 25% muere en soledad, habiendo muchos cadáveres no reclamados; también habría que incluir las tasas de suicidios, los atropellos contra las mujeres (cerca del 40 por 100 en Francia, Reino Unido, Finlandia o Suecia), etc. Todo esto se halla envuelto por una nube compuesta por una masa de individuos muy aburridos.

Muchos tratan de relacionar 'individualismo' con 'empresa privada', a la vez que con 'consumismo'. Pero tal afirmación se camufla tratando de 'mostrar', aunque no está demostrado aún, que si el estado lo organiza todo, se vive bien y en la abundancia. Y, de este modo, adelgazan a cada persona, se destruye el potencial de la familia... organizando, diríase, un 'zoo-cultural' (Leer 'Un mundo feliz', de Huxley, 1932). Para comprobar tal tendencia, baste leer el Proyecto familiar de Olof Palme (1972), con una estrategia posibilitadora de que los sujetos tengan hijos pero que el estado se encargue de las 'cargas familiares'. Así, las interacciones sociales se basan en la independencia, en vez de fundamentarse en el amor (de entrega, ágape). Y no digamos de la tendencia y efectos de los populismos, que tanta miseria están generando.

Así, a los pacientes de tal modelo les parece más fácil ir al banco de esperma que consolidar una familia. O, la eutanasia como solución a tanto viejo 'qué moleste'. También en la praxis real, encontramos cierta xenofobia. ¿Por qué son los inmigrados una especie de ciudadanos de segunda?

Tal modelo no se nutre ni de sentimientos ni de valores, en vez de mirar el bien común, no fomenta las comunidades, sino que sigue la tecnoestructura. ¡¿Qué hay de la amistad?! Al olvidarse de estos componentes elementales de la socialización, una parte fundamental de la persona -la sociabilidad- no se desarrolla. En consecuencia, no se alcanzan niveles propios de socialidad de cada etapa de la vida. A los niños y púberes se les proporcionan sucedáneos de afectos y el querer. Así, como diría María Ivars en Vides planes, cada vez se está más aplatanado. Y, de ello sale el vacío de una vida insignificante, en la cual, el aburrimiento lleva, ya desde la adolescencia, a colocarse en la vida de la droga, que les hace estúpidos -estupefacientes-.

Habría que corregir la política cultural, sobre todo la de las nuevas tecnologías. Hay que promover la libertad con responsabilidad, y exigirla. Como diría de Prada, hay que promover el arte, que es esplendor de las formas, y no hacer de los espacios, que deberían ser artísticos, propaganda con ingeniería social de por medio. De esta manera última se actuó en Esparta, en los nazis, los soviets, los bolivarianos... y, ¿qué han aportado?

La clave estaría en tratar de fortalecer a la familia como fundamento de la sociedad. Por consiguiente, en aras de optimizar nuestra situación cultural, social, política y educacional, habría que (re)considerar lo que se pretende en cada ministerio y en cada consejería y ayuntamiento.